Los ovarios continúan biológicamente activos décadas después de la menopausia, incluso cuando han perdido su función reproductiva. Un equipo de investigadores estadounidenses ha descubierto que estos órganos siguen experimentando cambios moleculares, procesos inflamatorios y modificaciones en sus tejidos mucho después de que desaparezca la fertilidad.
El estudio, publicado el 14 de octubre de 2026 en la revista científica Aging Cell, cuestiona la idea de que los ovarios permanecen prácticamente inactivos después de la menopausia. Los resultados también apuntan a una posible relación entre su envejecimiento y determinados procesos asociados al cáncer de ovario, aunque todavía no se ha demostrado una relación causal.
La investigación fue desarrollada por científicos de la Universidad Northwestern y el Instituto Buck de Investigación sobre el Envejecimiento, en Estados Unidos.
Un análisis de 28 mujeres revela cambios que continúan durante décadas
Los investigadores examinaron tejido ovárico de 28 mujeres de entre 50 y 75 años que ya habían atravesado la menopausia.
Para conocer su actividad biológica utilizaron técnicas avanzadas de proteómica y espectrometría de masas, capaces de identificar y medir miles de proteínas presentes en los tejidos.
En total, analizaron 5.812 grupos de proteínas relacionados con distintas funciones celulares.
Los resultados mostraron que los ovarios de las mujeres de mayor edad presentaban diferencias significativas respecto a los de aquellas que acababan de superar la menopausia.
En las mujeres más jóvenes predominaban las proteínas encargadas de mantener las células y conservar la estructura de los tejidos. En cambio, los ovarios de las participantes de mayor edad mostraban una presencia superior de proteínas asociadas con la inflamación, la actividad inmunitaria y la remodelación de los tejidos.
Las diferencias resultaron especialmente evidentes al comparar a las mujeres de unos 50 años con aquellas que habían superado los 70.
Los ovarios siguen cambiando aunque ya no produzcan óvulos
Hasta ahora, buena parte de la investigación sobre el envejecimiento ovárico se había centrado en la pérdida de fertilidad y los cambios hormonales asociados a la menopausia.
El nuevo trabajo demuestra que el final de la función reproductiva no supone el cese de toda la actividad biológica del ovario.
Francesca Duncan, profesora de Ciencias Reproductivas de la Universidad Northwestern y codirectora del estudio, explica que inicialmente esperaba encontrar órganos prácticamente idénticos en mujeres de 50, 60, 70 y 80 años.
Sin embargo, los análisis revelaron que los ovarios seguían experimentando transformaciones importantes.
Los científicos observaron modificaciones en las proteínas responsables del mantenimiento de los tejidos y un aumento de las señales relacionadas con procesos inflamatorios.
También identificaron patrones vinculados con la senescencia celular, un fenómeno por el que determinadas células envejecidas dejan de dividirse, pero permanecen activas y pueden influir sobre las células de su entorno.
Estos hallazgos sugieren que los ovarios mantienen procesos biológicos propios durante buena parte de la vida posterior a la menopausia.
No significa, sin embargo, que recuperen la fertilidad ni que continúen funcionando del mismo modo que durante la etapa reproductiva.
Los investigadores encuentran una posible conexión con el cáncer de ovario
Uno de los descubrimientos más relevantes afecta a la relación entre el envejecimiento ovárico y determinados procesos asociados al cáncer.
Los científicos detectaron que algunos ovarios envejecidos presentaban proteínas y patrones moleculares también observados en el cáncer de ovario.
Estas similitudes aparecieron en tejidos que no mostraban signos de enfermedad. Las señales más marcadas se identificaron en muestras de mujeres de unos 60 años.
El equipo llevaba años estudiando cómo los ovarios desarrollan progresivamente inflamación, fibrosis y rigidez con el envejecimiento.
Estos cambios pueden modificar el entorno celular y generar condiciones que, en determinadas circunstancias, podrían favorecer el desarrollo de tumores.
Sin embargo, los investigadores insisten en que encontrar proteínas asociadas al cáncer no significa que los ovarios analizados fueran cancerosos ni precancerosos.
La investigación tampoco demuestra que las alteraciones identificadas provoquen cáncer. Por ahora, únicamente establece similitudes moleculares que deberán estudiarse con mayor profundidad.
El descubrimiento podría cambiar la investigación sobre la salud femenina
Los resultados plantean nuevas preguntas sobre la función de los ovarios durante el envejecimiento.
Durante décadas, la menopausia se ha estudiado principalmente desde la perspectiva hormonal, especialmente por la disminución de estrógenos y sus consecuencias sobre la salud.
Pero los investigadores consideran que el ovario podría mantener otras funciones capaces de influir en el organismo después de perder su capacidad reproductiva.
Birgit Schilling, profesora del Instituto Buck y codirectora del trabajo, señala que los ovarios mantienen relaciones biológicas con otros órganos, incluidos el cerebro y los huesos.
Esta conexión podría resultar relevante para comprender algunos cambios que experimentan las mujeres después de la menopausia.
Entre las cuestiones que ahora deberán investigarse figuran:
- Si la actividad del ovario envejecido influye en otros órganos.
- Qué consecuencias tienen los procesos inflamatorios detectados.
- Si determinadas proteínas podrían utilizarse para identificar alteraciones relacionadas con el cáncer.
- Si sería posible intervenir sobre el envejecimiento ovárico para reducir riesgos de enfermedad.
Por el momento, estas posibilidades son hipótesis científicas y no aplicaciones médicas demostradas.
¿Podría cambiar la decisión de conservar los ovarios después de la menopausia?
La investigación también abre un debate sobre las intervenciones quirúrgicas en mujeres posmenopáusicas.
En determinadas operaciones ginecológicas puede plantearse la extirpación de los ovarios, incluso cuando no presentan enfermedades aparentes.
El nuevo estudio invita a investigar si conservar estos órganos tiene beneficios biológicos adicionales o si algunos cambios relacionados con su envejecimiento podrían representar riesgos.
No obstante, los resultados no justifican modificar las recomendaciones médicas actuales ni extirpar ovarios sanos de manera preventiva.
Los autores reconocen que todavía desconocen si las transformaciones observadas resultan beneficiosas, perjudiciales o simplemente forman parte del envejecimiento normal.
Además, la investigación se basa en un número reducido de muestras y en diferencias moleculares observadas entre mujeres de distintas edades. No permite determinar cómo evoluciona cada ovario individualmente ni establecer consecuencias clínicas directas.
Serán necesarios nuevos estudios para conocer el alcance de estos procesos y determinar si pueden tener aplicaciones en la prevención o el tratamiento de enfermedades.
Una nueva perspectiva sobre el envejecimiento femenino
La investigación supone un avance en el conocimiento de una etapa de la vida que tradicionalmente ha recibido menos atención científica que los años reproductivos.
Las mujeres pueden vivir varias décadas después de la menopausia, pero todavía existen numerosas incógnitas sobre la actividad de los ovarios durante ese periodo.
El descubrimiento de cambios moleculares persistentes demuestra que estos órganos no permanecen biológicamente estáticos cuando termina la fertilidad.
Los científicos quieren determinar ahora si esa actividad influye en el envejecimiento general del organismo y si podría ayudar a identificar nuevas estrategias para mejorar la salud femenina.
El principal hallazgo cambia una idea arraigada: la menopausia marca el final de la función reproductiva de los ovarios, pero no el final de su actividad biológica. Comprender qué hacen estos órganos durante las décadas posteriores podría abrir una nueva línea de investigación sobre el envejecimiento y las enfermedades que afectan a las mujeres.
