El Gobierno etíope acusa a Asmara de intervenir en el conflicto y advierte de una amenaza contra su soberanía, en medio de una nueva escalada militar en el norte del país.
El Gobierno de Etiopía ha exigido la retirada inmediata de las tropas de Eritrea de su territorio y ha acusado al país vecino de apoyar al Frente Popular para la Liberación de Tigré (TPLF), que mantiene una ofensiva contra las fuerzas federales. La denuncia, formulada el jueves 8 de octubre, agrava las tensiones entre ambos países y aumenta el temor a una guerra regional.
El ministro etíope de Exteriores, Gedion Timothewos, trasladó estas acusaciones a la vicesecretaria general de Naciones Unidas, Amina Mohammed, durante una reunión en la que reclamó una respuesta internacional ante lo que considera una violación de la soberanía de Etiopía.
Adís Abeba sostiene que las fuerzas eritreas han penetrado en la región septentrional de Tigré, donde el Ejército etíope combate a los insurgentes. Las autoridades de Asmara han rechazado anteriormente las acusaciones de apoyo a grupos rebeldes etíopes, aunque no han confirmado la supuesta incursión militar.
Etiopía acusa al presidente eritreo de alimentar el conflicto
La tensión diplomática se ha intensificado después de que Getachew Reda, asesor del primer ministro etíope, Abiy Ahmed, acusara al presidente de Eritrea, Isaias Afewerki, de establecer una alianza con el TPLF.
Reda, antiguo dirigente de la organización rebelde, calificó al mandatario eritreo como responsable de graves errores estratégicos y advirtió de que su acercamiento a los insurgentes podría tener consecuencias devastadoras para Asmara.
La supuesta colaboración resulta especialmente significativa por el enfrentamiento histórico entre Eritrea y el TPLF. Ambos fueron enemigos durante la guerra entre Etiopía y Eritrea de 1998 a 2000 y, posteriormente, las tropas eritreas apoyaron al Ejército etíope contra los rebeldes de Tigré entre 2020 y 2022.
El Ejército etíope recupera la capital de Tigré
La nueva crisis se produce después de que las fuerzas federales recuperaran Mekelle, capital de Tigré, durante el pasado fin de semana, tras la retirada de las autoridades insurgentes.
El TPLF había anunciado el 23 de septiembre el comienzo de una nueva ofensiva, presentada como una guerra defensiva frente al Gobierno central. Desde entonces, el Ejército etíope ha logrado importantes avances territoriales.
El conflicto también ha provocado la formación de una coalición de siete organizaciones rebeldes y opositoras, entre ellas el TPLF, las milicias amhara Fano y el Ejército de Liberación Oromo. Su objetivo declarado es derrocar al Gobierno de Abiy Ahmed y establecer una administración de transición.
Crece el riesgo de una guerra regional
Las relaciones diplomáticas entre Etiopía y Eritrea se rompieron el pasado 1 de octubre, en un contexto de creciente hostilidad por las acusaciones de apoyo a los rebeldes y las aspiraciones etíopes de recuperar una salida al mar Rojo.
La confrontación amenaza con reabrir las heridas de la guerra de Tigré de 2020 a 2022, uno de los conflictos más mortíferos de África en las últimas décadas, que dejó cientos de miles de fallecidos y una grave crisis humanitaria.
La posible intervención directa de Eritrea añade un nuevo factor de inestabilidad al Cuerno de África, una región marcada por disputas territoriales, rivalidades políticas y conflictos armados.
La ruptura diplomática, la reanudación de los combates y las acusaciones cruzadas sitúan a Etiopía y Eritrea ante una de sus crisis más graves desde la firma de la paz en 2018, con el riesgo de que la guerra de Tigré termine extendiéndose más allá de las fronteras etíopes.
