Una oleada de amenazas de bomba contra vuelos europeos ha provocado una importante movilización policial y militar en varios países del continente. Entre el lunes 2 y el martes 3 de noviembre de 2026 se registraron al menos ocho avisos contra aviones comerciales, siete de ellos durante la jornada del martes, que obligaron a activar protocolos de emergencia en España, Bulgaria, Polonia, Italia y Hungría.
Aunque las inspecciones descartaron la presencia de explosivos, los incidentes provocaron desvíos de aeronaves, cierres temporales de instalaciones aeroportuarias y la intervención de cazas militares. Las autoridades investigan el origen de las amenazas y si existe alguna relación entre ellas.
Bulgaria concentra varias alertas y obliga a intervenir a unidades antiterroristas
Bulgaria ha sido uno de los países más afectados. El martes, dos aviones procedentes de Bérgamo, en Italia, y Dublín, en Irlanda, recibieron amenazas de bomba antes de llegar al aeropuerto de Sofía.
Ambos aparatos aterrizaron sin incidentes y fueron inspeccionados por equipos especializados, que no encontraron artefactos explosivos.
La situación resultó especialmente preocupante porque un día antes, otro vuelo con destino a Bulgaria había tenido que desviarse a Hungría.
El lunes 2 de noviembre, un avión de Wizz Air que cubría la ruta Londres-Sofía recibió una amenaza mientras sobrevolaba los Balcanes. La tripulación solicitó aterrizar en Budapest, donde se desplegó un dispositivo de seguridad.
Un caza Gripen de las Fuerzas Armadas húngaras despegó para escoltar al avión comercial hasta el aeropuerto de la capital. La inspección posterior también descartó la presencia de explosivos.
España activa un dispositivo de emergencia en el aeropuerto de Murcia
La oleada de amenazas alcanzó España durante la mañana del martes.
Un vuelo de Ryanair procedente de Mánchester aterrizó en el Aeropuerto Internacional de la Región de Murcia después de recibirse un aviso sobre la posible presencia de una bomba a bordo.
En la aeronave viajaban 114 pasajeros y siete tripulantes, que fueron desalojados y sometidos a controles de seguridad.
La Guardia Civil desplazó especialistas en desactivación de explosivos desde Alicante, mientras agentes de la Policía Nacional, bomberos y servicios sanitarios participaron en el operativo.
La inspección no encontró ningún artefacto y la alerta quedó desactivada. Las instalaciones recuperaron posteriormente su funcionamiento habitual.
Polonia cierra temporalmente un aeropuerto e Italia moviliza cazas
En Polonia se registraron amenazas contra dos vuelos con destino a Varsovia.
Uno de ellos, operado por LOT Polish Airlines y procedente de Londres-Heathrow, fue desviado al aeropuerto de Modlin, que permaneció cerrado temporalmente mientras se realizaban las comprobaciones.
El segundo, perteneciente a Scandinavian Airlines y procedente de Copenhague, aterrizó en el aeropuerto de Chopin. Una de sus pistas tuvo que cerrarse durante la inspección.
Italia también activó sus protocolos de emergencia tras recibir amenazas contra dos vuelos de Ryanair procedentes de Dublín y Lisboa.
Las autoridades italianas movilizaron cazas Eurofighter para escoltar una de las aeronaves hasta Roma. Los equipos de seguridad inspeccionaron los aviones sin encontrar explosivos.
Un crucero con más de 1.500 personas también recibe una amenaza en Grecia
La sucesión de incidentes alcanzó igualmente al transporte marítimo.
El crucero Crown Iris, que se encontraba en el puerto griego de Siros y tenía previsto viajar a Haifa, en Israel, recibió una amenaza sobre la supuesta colocación de un explosivo en su casco.
A bordo se encontraban 940 pasajeros y 597 tripulantes, un total de 1.537 personas.
Las autoridades griegas desplegaron unidades especializadas, perros detectores de explosivos y buzos para inspeccionar el buque.
Las primeras comprobaciones no encontraron ningún dispositivo sospechoso, aunque se ordenaron revisiones adicionales antes de autorizar la continuación del viaje.
¿Por qué una falsa amenaza puede cerrar un aeropuerto?
Una amenaza de bomba obliga a las autoridades a actuar como si existiera un peligro real hasta descartar la presencia de explosivos.
Los protocolos pueden incluir el aislamiento de la aeronave, el desembarque de pasajeros, la revisión de equipajes y la intervención de especialistas en desactivación.
Cuando la alerta se recibe durante el vuelo, los controladores pueden ordenar cambios de ruta o autorizar aterrizajes prioritarios. En situaciones determinadas también se movilizan aeronaves militares para supervisar la operación.
Una amenaza falsa puede provocar importantes alteraciones en el tráfico aéreo, incluso cuando finalmente no existe ningún riesgo material.
Los cierres temporales de aeropuertos y pistas registrados en Polonia, junto con las intervenciones militares en Italia y Hungría, demuestran el alcance de estos dispositivos de seguridad.
Europa investiga si existe una campaña coordinada detrás de las amenazas
La concentración de incidentes en un periodo tan corto ha despertado interrogantes entre los especialistas en seguridad aérea.
Las investigaciones deberán determinar si los avisos proceden de un mismo autor, de varias personas que actúan de forma independiente o de una posible operación destinada a provocar interrupciones en infraestructuras estratégicas.
También se contempla la posibilidad de amenazas imitativas, en las que nuevos autores reproducen incidentes anteriores para generar alarma.
Por el momento, no existen pruebas públicas que permitan confirmar una operación coordinada ni atribuir las amenazas a Rusia, Irán u otro Estado extranjero. Tampoco se ha comunicado una reivindicación que permita identificar a sus responsables.
La ausencia de explosivos ha evitado consecuencias graves, pero los hechos evidencian la vulnerabilidad operativa del transporte ante amenazas que pueden formularse sin necesidad de disponer de armamento.
Ocho vuelos amenazados en apenas 48 horas y un crucero sometido a inspecciones extraordinarias reflejan la magnitud de una sucesión de incidentes todavía sin esclarecer. La cuestión pendiente es determinar si Europa ha sufrido una coincidencia excepcional de falsas alarmas o una actuación organizada para perturbar sus infraestructuras de transporte.
