Japón se prepara para iniciar este lunes 19 de octubre de 2026 una de las misiones espaciales más ambiciosas de su historia: viajar hasta Fobos, una de las dos lunas de Marte, recoger material de su superficie y traerlo a la Tierra por primera vez. La expedición, denominada MMX (Martian Moons eXploration), durará aproximadamente cinco años y pretende resolver un misterio que lleva décadas desconcertando a los astrónomos: nadie sabe con certeza cómo se formaron las lunas del planeta rojo.
El lanzamiento está programado para las 21:41 horas de España peninsular, desde el Centro Espacial de Tanegashima, en Japón, mediante un cohete H3. La nave transportará instrumentos científicos, sistemas de recogida de muestras y un pequeño robot europeo que explorará una superficie donde la gravedad es miles de veces inferior a la terrestre.
Si todo transcurre según lo previsto, la misión llegará a Marte en agosto de 2027, depositará el robot en Fobos en 2029, recogerá al menos diez gramos de material en 2030 y regresará a la Tierra en 2031.
Aunque parezca una cantidad insignificante, esos diez gramos podrían proporcionar información decisiva sobre el origen de Marte, la formación de sus satélites y la evolución del sistema solar.
Japón inicia una misión espacial de cinco años hacia Fobos
La misión MMX está dirigida por la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) y cuenta con la colaboración de organismos espaciales de Estados Unidos, Francia, Alemania y Europa.
El lanzamiento utilizará un cohete H3, desarrollado para convertirse en uno de los principales vehículos de transporte espacial japoneses.
La salida está prevista para las 4:41 horas del martes 20 de octubre en Japón, equivalentes a las 21:41 del lunes 19 en España peninsular.
La diferencia horaria explica que el lanzamiento figure oficialmente con fecha del 20 de octubre en Japón, aunque pueda seguirse durante la noche anterior desde España.
La expedición representa un avance respecto a las misiones japonesas Hayabusa y Hayabusa2, que consiguieron traer muestras de asteroides.
Esta vez, el objetivo se encuentra mucho más lejos y presenta dificultades adicionales: entrar en el entorno orbital de Marte, explorar una de sus lunas y regresar a nuestro planeta.
El plan contempla varias etapas.
| Fecha prevista | Operación |
| 19 de octubre de 2026 | Lanzamiento desde Japón, a las 21:41 en España |
| Agosto de 2027 | Llegada al entorno de Marte |
| Septiembre de 2027 | Inicio de las observaciones orbitales de Fobos |
| Principios de 2029 | Despliegue del robot europeo Idefix |
| 2030 | Descenso de la nave y recogida de muestras |
| 2031 | Regreso de la cápsula a la Tierra |
Todas estas fechas corresponden al calendario previsto. Su cumplimiento dependerá del lanzamiento, las maniobras orbitales y el funcionamiento de los equipos.
El gran misterio: nadie sabe cómo se formaron las dos lunas de Marte
Marte posee dos pequeños satélites naturales llamados Fobos y Deimos, nombres procedentes de la mitología griega que significan miedo y terror.
Ambos fueron descubiertos en 1877 por el astrónomo estadounidense Asaph Hall.
A diferencia de nuestra Luna, tienen formas irregulares y superficies cubiertas de cráteres.
Fobos, el mayor de los dos, mide aproximadamente 27 kilómetros en su dimensión más larga, mientras que Deimos es considerablemente más pequeño.
Sus características han generado durante décadas un debate sobre su procedencia.
Los científicos manejan principalmente dos hipótesis.
Primera hipótesis: antiguos asteroides capturados por Marte
Según esta explicación, Fobos y Deimos podrían haber sido asteroides que viajaban por el sistema solar hasta quedar atrapados por la gravedad marciana.
Su forma irregular y algunas características de su superficie recuerdan a determinados cuerpos del cinturón de asteroides.
Sin embargo, existe un problema.
Las órbitas actuales de las dos lunas son relativamente circulares y se encuentran próximas al plano ecuatorial de Marte.
Estas características no encajan fácilmente con una captura gravitatoria sencilla.
Para explicar cómo los supuestos asteroides terminaron describiendo esas trayectorias, sería necesario considerar mecanismos adicionales capaces de modificar sus órbitas.
Segunda hipótesis: los restos de una colisión gigantesca
La otra posibilidad es que ambos satélites nacieran después de un impacto colosal contra Marte.
En algún momento de su historia, un gran cuerpo celeste podría haber chocado con el planeta y expulsado enormes cantidades de material al espacio.
Parte de esos fragmentos habría quedado en órbita y, con el tiempo, se habría agrupado hasta formar Fobos y Deimos.
Esta explicación permitiría comprender mejor determinadas características orbitales de las lunas.
Sin embargo, todavía faltan pruebas suficientes para confirmar el escenario.
La composición de las muestras recogidas en Fobos podría ayudar a distinguir entre ambas posibilidades.
Si el material presenta características compatibles con determinados asteroides primitivos, la hipótesis de captura ganaría respaldo.
Si contiene señales de una mezcla de materiales procedentes de Marte y de un cuerpo que impactó contra él, podría favorecer la explicación de la gran colisión.
Por qué diez gramos de polvo pueden resolver un misterio de miles de millones de años
La misión japonesa pretende recuperar al menos diez gramos de regolito, el material formado por polvo, pequeños fragmentos de roca y partículas que cubren la superficie de muchos cuerpos celestes.
Puede parecer poco para una expedición de cinco años.
Sin embargo, los laboratorios terrestres disponen de instrumentos mucho más precisos y complejos que los que pueden instalarse en una nave espacial.
Una pequeña cantidad de material extraterrestre puede dividirse en numerosas muestras para estudiar su composición química, mineralógica e isotópica.
Los científicos podrán buscar diferencias entre los materiales de Fobos, los meteoritos conocidos y las rocas marcianas analizadas por otras misiones.
También podrán examinar características que ayuden a reconstruir los procesos de formación y transformación del satélite.
Entre las preguntas que intentarán resolver se encuentran la procedencia de sus minerales, los efectos de la radiación espacial y la posible presencia de material expulsado desde Marte.
Este último aspecto resulta especialmente interesante.
A lo largo de su historia, Marte ha sufrido numerosos impactos de asteroides y cometas. Algunas colisiones pudieron lanzar fragmentos de roca al espacio.
Una parte de ese material podría haber terminado depositada sobre Fobos.
Por tanto, la muestra recuperada podría contener partículas procedentes del propio Marte, aunque su presencia todavía debe comprobarse.
Esto no significa que la misión vaya a encontrar vida extraterrestre. Su objetivo principal consiste en investigar la historia geológica del sistema marciano.
Idefix, el pequeño robot europeo que explorará Fobos
Uno de los protagonistas de la misión será Idefix, un vehículo robótico desarrollado conjuntamente por el Centro Aeroespacial Alemán y la agencia espacial francesa.
El pequeño explorador tiene una masa aproximada de 25 kilogramos y está diseñado para operar en condiciones muy diferentes de las que existen en la Tierra.
Su llegada a Fobos está prevista para principios de 2029.
Antes de que la nave principal intente recoger las muestras, Idefix estudiará el terreno y proporcionará información sobre sus características físicas.
El robot lleva instrumentos para analizar la composición, la temperatura y la estructura superficial del satélite.
También dispone de cámaras destinadas a obtener imágenes del entorno y estudiar el comportamiento del suelo.
Estos datos ayudarán a comprender qué dificultades puede encontrar la nave durante su descenso.
Un robot de 25 kilos que allí pesará como 15 gramos
La gravedad de Fobos es extraordinariamente débil.
Aunque Idefix tiene una masa de 25 kilogramos, la fuerza gravitatoria que experimentará sobre el satélite será equivalente al peso de un objeto de aproximadamente 15 gramos en la Tierra.
Es una diferencia enorme.
En nuestro planeta, las ruedas de un vehículo se mantienen en contacto con el suelo gracias a una gravedad relativamente intensa.
En Fobos, un movimiento brusco podría hacer que un robot perdiera contacto con la superficie.
Por eso, Idefix necesita mecanismos específicos de movilidad y sistemas capaces de controlar su orientación.
Sus operaciones también deberán adaptarse a un terreno desconocido, cubierto de polvo y fragmentos rocosos.
La experiencia permitirá probar tecnologías útiles para futuras exploraciones de pequeños asteroides y otros cuerpos con gravedad extremadamente reducida.
Aterrizar en Fobos será uno de los mayores desafíos de la misión
El pequeño tamaño de Fobos convierte el descenso en una operación especialmente delicada.
La gravedad es tan débil que una maniobra incorrecta podría provocar que la nave rebotara sobre la superficie.
Además, los responsables de la misión desconocen todavía con precisión cómo se comportará el material del terreno durante el contacto.
Algunas zonas podrían estar cubiertas por capas de polvo suelto, mientras que otras presentarían rocas o estructuras más compactas.
La nave MMX realizará observaciones detalladas antes de seleccionar los lugares de recogida.
Los instrumentos estudiarán la topografía, la composición mineral y las características de diferentes regiones de Fobos.
El plan contempla obtener material mediante dos sistemas de muestreo, diseñados para trabajar en condiciones de gravedad muy baja.
Uno de ellos utilizará un mecanismo de contacto con la superficie para recoger partículas.
El otro permitirá obtener muestras mediante un dispositivo que emplea gas para movilizar el material.
Estos procedimientos buscan reducir los riesgos de la operación y aumentar las posibilidades de recuperar una cantidad suficiente de regolito.
El éxito dependerá tanto de la precisión de las maniobras como del comportamiento del terreno.
Una nave que deberá regresar desde Marte hasta la Tierra
Recoger el material será solo una parte del desafío.
Después, la misión tendrá que abandonar el entorno de Marte y emprender el viaje de regreso.
La nave está formada por diferentes módulos que cumplen funciones específicas durante las distintas etapas.
El sistema de propulsión permitirá realizar las maniobras necesarias para alcanzar Marte y regresar posteriormente hacia la Tierra.
El módulo de exploración alberga los instrumentos científicos y los equipos destinados a estudiar Fobos.
Por su parte, el módulo de retorno transportará la cápsula que contendrá las muestras.
La separación de componentes permitirá reducir masa y adaptar la configuración de la nave a cada fase.
En 2031, cuando la misión se aproxime a la Tierra, la cápsula se desprenderá y entrará en la atmósfera.
El aterrizaje está previsto en Australia, donde los equipos de recuperación deberán localizarla y asegurar su traslado.
Posteriormente, las muestras viajarán a Japón para su extracción, catalogación y distribución entre los investigadores participantes.
La operación estará diseñada para evitar contaminaciones que puedan alterar los análisis científicos.
Una vez conservado correctamente, el material podrá estudiarse durante décadas con instrumentos que todavía no existen.
La misión también observará Deimos, la segunda luna marciana
Aunque Fobos constituye el objetivo principal, MMX también estudiará Deimos, la luna más pequeña y alejada de Marte.
El plan contempla realizar observaciones durante los desplazamientos de la nave por el sistema marciano.
La comparación entre ambos satélites puede aportar información fundamental para comprender si comparten un origen común.
Si sus composiciones y características geológicas presentan similitudes importantes, los científicos podrán evaluar con mayor precisión los modelos de formación conjunta.
Por el contrario, diferencias significativas podrían sugerir historias evolutivas más complejas.
La misión también observará Marte y su entorno espacial.
Entre sus objetivos se encuentra estudiar cómo interactúan los materiales de la atmósfera marciana con el espacio y cómo han evolucionado determinadas características del planeta.
La información obtenida complementará las investigaciones realizadas por sondas orbitales y vehículos que operan sobre la superficie de Marte.
Japón aprovecha la experiencia de las misiones Hayabusa
La exploración de Fobos no parte de cero.
Japón ha desarrollado durante las últimas décadas una notable experiencia en misiones destinadas a recoger y devolver muestras de pequeños cuerpos del sistema solar.
La primera misión Hayabusa consiguió recuperar material del asteroide Itokawa y traerlo a la Tierra en 2010.
Años después, Hayabusa2 recogió muestras del asteroide Ryugu, cuya cápsula regresó en diciembre de 2020.
Ambas expediciones demostraron que es posible acercarse a cuerpos de gravedad extremadamente baja, obtener material y transportarlo a nuestro planeta.
MMX aprovechará parte de ese conocimiento, aunque afrontará una dificultad adicional: la necesidad de operar en el entorno gravitatorio de Marte.
El viaje también será considerablemente largo y exigirá maniobras de navegación de gran precisión.
La expedición representa, por tanto, una evolución de las capacidades tecnológicas japonesas y una prueba para futuras misiones interplanetarias.
Qué relación tiene Fobos con la búsqueda de vida en Marte
Marte despierta un enorme interés científico porque existen pruebas de que en el pasado tuvo agua líquida en su superficie.
Los investigadores consideran que determinadas regiones pudieron reunir condiciones compatibles con la aparición de vida microbiana.
Sin embargo, todavía no se ha confirmado que haya existido vida en Marte.
La misión MMX no está concebida principalmente para detectar organismos extraterrestres, pero puede aportar información relevante sobre la evolución del planeta.
Si Fobos contiene materiales procedentes de impactos marcianos, su estudio podría proporcionar pistas adicionales sobre la composición y la historia de la superficie de Marte.
También permitirá investigar cómo se transportaron materiales, agua y compuestos orgánicos durante las primeras etapas del sistema solar.
Comprender esos procesos resulta importante para estudiar cómo surgieron los entornos potencialmente habitables en distintos planetas.
La información obtenida podría complementar los resultados de futuras misiones destinadas específicamente a buscar señales de vida pasada.
Conviene distinguir entre encontrar materiales relacionados con las condiciones necesarias para la vida y descubrir pruebas de actividad biológica.
La presencia de compuestos orgánicos, por ejemplo, no demostraría por sí sola que existieron organismos vivos.
La misión MMX podría preparar el camino hacia la exploración humana de Marte
Además de sus objetivos científicos, MMX permitirá probar tecnologías necesarias para futuras expediciones espaciales.
Entre ellas destacan los sistemas de navegación autónoma, las comunicaciones a grandes distancias, las operaciones robóticas y el regreso de material desde el entorno marciano.
Estas capacidades resultan fundamentales para misiones cada vez más complejas.
A diferencia de una sonda que únicamente llega a otro planeta, una expedición de retorno debe completar un recorrido de ida y vuelta y conservar sus muestras en condiciones adecuadas.
La misión también proporcionará información sobre el entorno de Fobos, un satélite que algunos investigadores han considerado de interés para posibles operaciones de exploración marciana en el futuro.
Su gravedad reducida permitiría determinadas maniobras con menor gasto energético que el necesario para despegar desde la superficie de Marte.
Sin embargo, todavía existen importantes interrogantes técnicos sobre la utilización de Fobos como plataforma para futuras misiones humanas.
El éxito de MMX no supondría que esas operaciones estén próximas a convertirse en realidad, pero sí ampliaría los conocimientos necesarios para evaluarlas.
El primer paso de un viaje que terminará en 2031
El lanzamiento previsto para este lunes marca el comienzo de una expedición que exigirá aproximadamente cinco años de operaciones.
Durante ese tiempo, los equipos científicos tendrán que superar numerosos desafíos, desde el viaje interplanetario hasta la selección de lugares seguros para recoger las muestras.
La misión se desarrollará a millones de kilómetros de la Tierra, con retrasos en las comunicaciones que pueden alcanzar decenas de minutos entre el envío de una orden y la recepción de su respuesta.
Esa distancia obliga a diseñar sistemas capaces de realizar determinadas operaciones sin intervención humana inmediata.
El primer objetivo será completar correctamente el lanzamiento y situar la nave en su trayectoria hacia Marte.
Después comenzará un largo periodo de navegación hasta alcanzar el planeta rojo en 2027.
Si las operaciones tienen éxito, en 2031 los laboratorios terrestres recibirán por primera vez material recogido directamente de una luna marciana.
La cantidad prevista es pequeña, pero su importancia científica podría ser extraordinaria.
Diez gramos de polvo de Fobos podrían ayudar a resolver cómo nacieron las lunas de Marte y aportar nuevas pistas sobre la historia del sistema solar. Japón está a punto de iniciar un viaje que no busca simplemente llegar más lejos, sino conseguir algo todavía más difícil: regresar con respuestas a preguntas que la humanidad lleva décadas intentando resolver.
