La demanda eléctrica de estas instalaciones podría duplicarse hasta 2030. Las dificultades para conectarse a la red, la escasez de equipos y el crecimiento de la inteligencia artificial amenazan con retrasar proyectos millonarios en todo el mundo. España ya tiene concedidos 6.329 megavatios de acceso a nuevos centros de datos.
La expansión de la inteligencia artificial está poniendo a prueba las redes eléctricas de todo el mundo. Los gigantes tecnológicos construyen centros de datos cada vez más grandes para alimentar sus sistemas de IA, pero la infraestructura energética no crece al mismo ritmo. El resultado es una situación inédita: proyectos tecnológicos que disponen de financiación y equipos informáticos, pero que encuentran dificultades para conseguir la electricidad necesaria para funcionar.
La Agencia Internacional de la Energía calcula que el consumo mundial de los centros de datos podría pasar de 485 teravatios hora (TWh) en 2025 a unos 950 TWh en 2030, prácticamente el doble en apenas cinco años. La previsión refleja la magnitud de una transformación que ya está provocando problemas de conexión, retrasos en las instalaciones y una creciente competencia por acceder a la capacidad eléctrica disponible.
La presión no afecta únicamente a Estados Unidos. Europa también afronta limitaciones y España comienza a registrar cifras que muestran hasta qué punto la nueva industria digital necesita infraestructuras energéticas.
Los centros de datos podrían duplicar su consumo eléctrico antes de 2030
Los centros de datos son grandes instalaciones que albergan los servidores necesarios para almacenar información, ejecutar aplicaciones y procesar las operaciones de millones de usuarios.
Su funcionamiento requiere electricidad de manera continua, tanto para alimentar los equipos informáticos como para mantener los sistemas de refrigeración y otras instalaciones auxiliares.
La inteligencia artificial ha aumentado considerablemente estas necesidades. Los procesadores empleados para entrenar y ejecutar modelos avanzados pueden concentrar una elevada demanda energética en espacios relativamente pequeños.
Según las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía, el consumo mundial de estas instalaciones evolucionará de la siguiente manera:
| Indicador | Consumo o previsión |
| Consumo eléctrico mundial en 2025 | 485 TWh |
| Consumo previsto para 2030 | 950 TWh |
| Crecimiento estimado | 96% |
| Participación prevista en la demanda eléctrica mundial en 2030 | Alrededor del 3% |
| Consumo de centros especializados en IA | Podría triplicarse entre 2025 y 2030 |
Aunque los centros de datos seguirían representando una parte relativamente pequeña de la demanda mundial de electricidad, su concentración geográfica puede provocar problemas importantes en determinadas redes regionales.
La dificultad no consiste únicamente en producir más energía. También es necesario transportarla hasta los lugares donde se construyen las nuevas instalaciones.
Una red puede disponer de suficiente electricidad en términos generales y, aun así, carecer de capacidad para conectar un centro de datos de gran tamaño en una ubicación concreta.
Estados Unidos ya afronta restricciones para conectar nuevas instalaciones
El problema resulta especialmente visible en Estados Unidos, donde las grandes tecnológicas están concentrando algunas de sus mayores inversiones.
En septiembre de 2026, las autoridades eléctricas de Texas decidieron paralizar temporalmente nuevas conexiones de grandes centros de datos mientras revisaban la demanda energética solicitada por los promotores.
La medida respondió a una situación preocupante: numerosas compañías habían reservado o solicitado enormes cantidades de capacidad eléctrica sin que existiera certeza de que todos los proyectos llegaran a construirse.
En distintas regiones estadounidenses, las solicitudes de grandes consumidores, principalmente centros de datos, superaban conjuntamente los 700 gigavatios (GW).
Esa cantidad no representa consumo real ni implica que todos esos proyectos vayan a ejecutarse. Parte de las solicitudes puede corresponder a instalaciones duplicadas, iniciativas todavía especulativas o proyectos que finalmente no se desarrollen.
Aun así, la magnitud del fenómeno está obligando a los operadores eléctricos a revisar sus procedimientos.
En octubre, el regulador energético estadounidense autorizó la creación de un registro específico de centros de datos en la región gestionada por PJM, uno de los principales operadores eléctricos del país.
La medida permitirá conocer mejor las instalaciones previstas, sus necesidades energéticas y los plazos de puesta en funcionamiento.
El objetivo es evitar que una expansión desordenada comprometa la estabilidad del suministro o incremente innecesariamente los costes para otros consumidores.
El problema ya no es solo conseguir electricidad: también faltan cables y transformadores
La construcción acelerada de centros de datos está generando dificultades en industrias que hasta ahora tenían poca visibilidad fuera del sector energético.
Los fabricantes de cables, transformadores y equipos eléctricos están experimentando una demanda creciente, impulsada por la ampliación de las redes y las nuevas instalaciones tecnológicas.
El fabricante francés Nexans advirtió el 22 de octubre de que la capacidad de producción de cables eléctricos se está convirtiendo en un obstáculo para desarrollar centros de datos destinados a inteligencia artificial.
Las nuevas instalaciones necesitan grandes cantidades de cableado de baja y media tensión para conectar sus sistemas internos con la infraestructura energética.
Sin embargo, aumentar la producción industrial no resulta inmediato.
La construcción de una nueva línea de fabricación de determinados cables especializados puede requerir aproximadamente tres años.
Esto significa que una empresa tecnológica puede tener preparados sus servidores y disponer del terreno necesario, pero no conseguir a tiempo los componentes eléctricos imprescindibles.
La escasez también afecta a transformadores y otros equipos necesarios para transportar y distribuir energía de manera segura.
La velocidad de expansión de la inteligencia artificial está chocando con los plazos de construcción de la infraestructura eléctrica tradicional, que suelen ser mucho más largos.
España tiene concedidos 6.329 MW de acceso a la red para centros de datos
España tampoco es ajena al crecimiento de esta industria.
El 1 de octubre de 2026, Red Eléctrica publicó nuevos datos sobre la capacidad de acceso concedida a distintas actividades económicas en la red de transporte.
Las cifras muestran que los centros de procesamiento de datos concentran 6.329 megavatios de capacidad otorgada, equivalentes al 34,2% del total concedido a instalaciones de demanda.
Se trata del sector con mayor volumen de potencia asignada, por delante de la industria convencional.
De los 18,52 gigavatios de acceso concedidos en la red de transporte, 11,05 corresponden a instalaciones que todavía no han entrado en funcionamiento.
Existe, además, un detalle especialmente significativo: ninguno de los 6.329 MW asignados a la categoría de centros de datos figuraba como puesto en servicio en el nuevo registro.
Esto no significa que España carezca de centros de datos operativos. Los datos se refieren a la capacidad recogida en esa clasificación de la red de transporte, no a la totalidad de instalaciones existentes ni a las conectadas a redes de distribución.
Tampoco quiere decir que esos 6.329 MW se estén consumiendo actualmente.
Son permisos de acceso concedidos, no electricidad utilizada ni potencia necesariamente instalada.
La cifra muestra, no obstante, la dimensión de los proyectos que podrían necesitar suministro eléctrico durante los próximos años.
Su puesta en funcionamiento dependerá de factores como la construcción de las instalaciones, las inversiones previstas y la disponibilidad efectiva de infraestructura para conectarlas.
El Gobierno español prepara nuevas exigencias energéticas para estas instalaciones
El crecimiento de los centros de datos también está provocando cambios regulatorios.
El Gobierno español ha preparado una normativa específica destinada a limitar el impacto energético y ambiental de las nuevas instalaciones de gran tamaño.
El proyecto, conocido el 26 de octubre, contempla obligaciones adicionales para los centros de datos con potencias superiores a 10 MW.
Entre ellas figura la necesidad de incorporar nueva generación renovable para cubrir parte de su consumo eléctrico, así como avanzar hacia una cobertura horaria de al menos el 80% de su demanda mediante energías renovables.
La propuesta introduce un periodo transitorio hasta 2031 para determinadas instalaciones que acepten condiciones especiales de desconexión cuando el sistema eléctrico atraviese situaciones de elevada demanda.
El objetivo es evitar que el crecimiento de estos grandes consumidores comprometa la estabilidad de las redes o traslade costes excesivos a los hogares y a otras empresas.
La normativa todavía debe completar su tramitación, por lo que sus condiciones definitivas podrían modificarse antes de entrar en vigor.
El debate refleja una preocupación creciente: cómo aprovechar las inversiones de la industria tecnológica sin perjudicar la competitividad de otros sectores que también necesitan acceso a la electricidad.
Las tecnológicas buscan alternativas para no depender exclusivamente de la red
Ante las dificultades para conseguir conexiones eléctricas suficientes, las grandes compañías tecnológicas están estudiando nuevas soluciones.
Una de ellas consiste en desarrollar instalaciones de generación cercanas a los propios centros de datos.
También está creciendo el interés por las microrredes, sistemas que combinan diferentes fuentes de electricidad, almacenamiento energético y mecanismos de control para abastecer instalaciones concretas.
Estas infraestructuras pueden mejorar la autonomía de los centros de datos y reducir parte de su dependencia de las redes convencionales.
En Estados Unidos, las inversiones relacionadas con esta tecnología están aumentando rápidamente.
Las previsiones del sector apuntan a que el mercado estadounidense de microrredes podría pasar de unos 8.000 millones de dólares en 2025 a más de 21.000 millones en 2030.
Paralelamente, las empresas tecnológicas están firmando acuerdos de suministro de electricidad renovable a largo plazo y mostrando un interés creciente por la energía nuclear, la geotermia y los sistemas de almacenamiento.
Sin embargo, estas alternativas tampoco ofrecen soluciones inmediatas.
Construir nuevas centrales, ampliar redes o instalar sistemas energéticos complejos requiere inversiones elevadas, autorizaciones administrativas y varios años de ejecución.
¿Pueden los centros de datos provocar apagones o encarecer la electricidad?
La creciente demanda energética plantea dos preocupaciones: la estabilidad del suministro y el coste de la electricidad.
Los centros de datos no provocan necesariamente apagones por consumir mucha energía. Las redes eléctricas están diseñadas para gestionar grandes consumidores industriales siempre que exista suficiente capacidad y una planificación adecuada.
El riesgo aparece cuando la demanda crece más rápido que la generación disponible, las conexiones y las infraestructuras de transporte.
En esas circunstancias pueden surgir problemas de congestión, necesidad de nuevas inversiones o dificultades para conectar instalaciones adicionales.
También existe un posible impacto económico.
Si ampliar las redes y construir nueva capacidad de generación resulta más costoso, será necesario determinar quién asume esas inversiones.
Dependiendo de la regulación de cada país, parte de los costes podría repercutir en las empresas que solicitan nuevas conexiones o, indirectamente, en otros consumidores.
Por eso, las autoridades estadounidenses y europeas están revisando cómo se asigna la capacidad eléctrica y qué obligaciones deben cumplir los grandes centros de datos.
Conviene distinguir, no obstante, entre una red saturada en determinados puntos y un colapso generalizado del sistema eléctrico. Los datos disponibles muestran restricciones y retrasos localizados, no que las redes eléctricas del mundo estén colapsando.
La expansión de la inteligencia artificial dependerá también de la capacidad energética
La carrera tecnológica está entrando en una etapa en la que los avances informáticos deben acompañarse de inversiones en infraestructuras físicas.
Hasta ahora, buena parte del debate sobre la inteligencia artificial se había centrado en la potencia de los procesadores, el desarrollo de nuevos modelos y la capacidad de las empresas para financiar grandes centros de datos.
Sin embargo, disponer de chips avanzados no garantiza que puedan utilizarse a gran escala.
Las instalaciones también necesitan electricidad constante, sistemas de refrigeración, conexiones estables y equipos industriales cuya fabricación requiere tiempo.
La Agencia Internacional de la Energía prevé que los centros de datos prácticamente dupliquen su demanda eléctrica mundial hasta 2030, pero advierte de que las limitaciones de las infraestructuras pueden ralentizar parte de esa expansión.
El problema no consiste en que el planeta se esté quedando sin electricidad, sino en que la nueva demanda tecnológica está creciendo mucho más rápido de lo que pueden adaptarse algunas redes locales y sus cadenas de suministro.
La inteligencia artificial promete transformar sectores enteros de la economía, pero su desarrollo dependerá también de una infraestructura mucho menos visible que los algoritmos: centrales eléctricas, subestaciones, transformadores y miles de kilómetros de cableado. La próxima gran limitación de la revolución tecnológica podría no estar en la capacidad de los ordenadores, sino en la velocidad a la que el mundo consigue suministrarles energía.
