El telescopio espacial James Webb ha encontrado nuevas pruebas de la existencia de una atmósfera en un planeta cubierto por océanos de lava, pese a estar sometido a temperaturas extremas. Se trata de TOI-561 b, situado a unos 280 años luz de la Tierra, cuyo comportamiento ha sorprendido a los astrónomos y plantea nuevas preguntas sobre la resistencia de las atmósferas planetarias.
El hallazgo, difundido el 27 de octubre de 2026 y publicado en The Astronomical Journal, aporta información sobre un mundo rocoso que orbita extraordinariamente cerca de su estrella.
TOI-561 b completa una vuelta cada 10,6 horas y recibe una radiación tan intensa que los científicos esperaban que hubiera perdido gran parte de sus gases hace miles de millones de años.
Un planeta de lava que refleja el 75 % de la luz
Durante 37 horas, el James Webb observó el planeta para analizar cómo variaba su temperatura a lo largo de su órbita.
Los resultados indican que refleja aproximadamente el 75 % de la luz que recibe de su estrella, una proporción sorprendentemente elevada para un mundo tan caliente.
Los investigadores plantean que podrían existir nubes compuestas por minerales vaporizados, posiblemente silicatos, capaces de reflejar buena parte de la radiación. Su presencia, no obstante, todavía no se ha confirmado directamente.
Las observaciones también sugieren que la atmósfera distribuye parte del calor entre las regiones iluminadas y oscuras del planeta.
El misterio de una atmósfera que debería haber desaparecido
La gran incógnita es cómo TOI-561 b ha conseguido conservar su envoltura gaseosa durante tanto tiempo.
Una hipótesis apunta a que los océanos de magma podrían liberar continuamente nuevos gases, compensando parcialmente los que escapan al espacio por efecto de la radiación estelar.
Los científicos necesitarán nuevas observaciones para determinar su composición y comprobar cómo funciona este mecanismo.
El descubrimiento abre una nueva vía para comprender los planetas rocosos sometidos a temperaturas extremas. Si se confirma que el magma puede contribuir a mantener sus atmósferas, los astrónomos tendrán que revisar algunas de sus ideas sobre la evolución de estos mundos.
