Italia ha dado uno de los pasos más importantes de las últimas décadas para recuperar la energía nuclear. El Senado aprobó definitivamente una nueva ley que establece las bases jurídicas para desarrollar centrales de nueva generación, más de 35 años después del cierre de los últimos reactores del país.
La norma no supone que puedan comenzar inmediatamente las obras de nuevas centrales. Se trata de una ley de delegación que encarga al Gobierno de Giorgia Meloni desarrollar durante los próximos meses el marco legal necesario para regular las autorizaciones, la seguridad, la gestión de residuos y la elección de posibles emplazamientos.
El Ejecutivo italiano contempla que los primeros reactores puedan comenzar a funcionar entre 2033 y 2034, aunque ese calendario dependerá del desarrollo tecnológico, los procedimientos administrativos y la capacidad para poner en marcha los primeros proyectos.
La intención del Gobierno es que la energía nuclear vuelva a formar parte del sistema eléctrico italiano como complemento de las renovables y contribuya a reducir la dependencia energética del exterior.
El Senado da el visto bueno definitivo
La ley recibió el respaldo definitivo del Senado italiano el 23 de septiembre, con 81 votos a favor, 51 en contra y siete abstenciones.
La Cámara de Diputados ya había aprobado previamente el texto en junio, por lo que la votación del Senado cerró su tramitación parlamentaria.
La norma establece un programa nacional destinado al desarrollo y utilización de energía nuclear sostenible, además de contemplar la investigación relacionada con la fusión nuclear.
El objetivo declarado es contribuir a los compromisos de neutralidad climática de Italia, reforzar la seguridad energética, reducir el riesgo de interrupciones en el suministro y contener los costes de la electricidad.
También se pretende disminuir la dependencia del país respecto a las importaciones energéticas.
El Gobierno tiene un año para desarrollar la normativa
El siguiente paso será convertir los principios generales incluidos en la ley en una regulación concreta.
El Gobierno dispone de aproximadamente 12 meses para aprobar los decretos legislativos que definirán cómo podrá desarrollarse el nuevo programa nuclear.
Entre las cuestiones que deberán regularse se encuentran los procedimientos de autorización de las centrales, los requisitos de seguridad, las licencias de funcionamiento y los mecanismos de supervisión.
También será necesario establecer criterios para determinar dónde podrían instalarse los futuros reactores.
La gestión del combustible utilizado y de los residuos radiactivos constituirá igualmente una parte fundamental del nuevo marco normativo.
Por tanto, la aprobación parlamentaria representa el comienzo del proceso y no una autorización directa para levantar centrales.
Italia apuesta por reactores nucleares de nueva generación
El planteamiento del Gobierno italiano no contempla inicialmente recuperar exactamente el modelo de grandes centrales nucleares utilizado durante el siglo XX.
Roma presta especial atención a los denominados reactores modulares pequeños o SMR, una tecnología que diferentes países estudian actualmente como alternativa a las grandes instalaciones convencionales.
Estos reactores tienen una potencia menor y están diseñados para utilizar componentes estandarizados que pueden producirse de manera modular.
Sus defensores consideran que podrían reducir los tiempos de construcción y facilitar su integración en determinados sistemas industriales y eléctricos.
Italia también estudia otras tecnologías nucleares avanzadas que todavía se encuentran en diferentes fases de desarrollo.
La decisión sobre qué modelos concretos podrán implantarse dependerá de la regulación que prepare ahora el Ejecutivo y de la evolución de los proyectos internacionales durante los próximos años.
Los primeros reactores podrían funcionar en 2033 o 2034
El ministro italiano de Medio Ambiente y Seguridad Energética, Gilberto Pichetto Fratin, ha situado entre 2033 y 2034 el horizonte para la posible entrada en funcionamiento de los primeros reactores.
El calendario supone que Italia tendría que desarrollar durante los próximos años el marco regulatorio, seleccionar tecnologías, identificar emplazamientos y completar los correspondientes procedimientos de autorización.
El Gobierno calcula además que la energía nuclear podría llegar a representar al menos el 11% de la generación eléctrica italiana.
Su incorporación formaría parte de una estrategia energética más amplia en la que continuarían teniendo un papel central las energías renovables.
La primera ministra, Giorgia Meloni, ha defendido la recuperación de esta tecnología como una herramienta para reforzar la seguridad energética y cumplir simultáneamente los objetivos de descarbonización.
Italia abandonó la energía nuclear después de Chernóbil
El regreso nuclear supondría un cambio histórico en la política energética italiana.
Italia llegó a operar cuatro centrales nucleares, pero el accidente de Chernóbil ocurrido en 1986 modificó profundamente la percepción pública de esta tecnología.
Un referéndum celebrado en 1987 impulsó el progresivo abandono del programa nuclear.
Los últimos reactores italianos dejaron de producir electricidad en 1990.
Desde entonces, el país no genera electricidad mediante centrales nucleares propias, aunque continúa consumiendo energía de este origen a través de sus interconexiones con otros países europeos.
Una parte de la electricidad importada por Italia procede, de hecho, de sistemas eléctricos con una importante presencia nuclear.
La dependencia energética impulsa el debate
La crisis energética europea de los últimos años ha contribuido a reabrir la discusión sobre el modelo energético italiano.
Italia depende en gran medida de las importaciones para cubrir sus necesidades de petróleo y gas natural, una circunstancia que hace que su economía sea especialmente sensible a las tensiones internacionales y a las variaciones de los precios energéticos.
La invasión rusa de Ucrania y las posteriores dificultades en los mercados europeos de gas pusieron de manifiesto los riesgos asociados a esa dependencia.
El Gobierno considera que combinar renovables con generación nuclear permitiría disponer de una producción eléctrica estable y reducir la exposición a combustibles importados.
La energía nuclear produce electricidad de manera continua y con unas emisiones directas de dióxido de carbono muy reducidas durante su funcionamiento, aunque plantea otros desafíos relacionados con el coste de las instalaciones, los residuos y los largos periodos necesarios para desarrollar algunos proyectos.
La oposición cuestiona costes, plazos y residuos
La nueva política nuclear mantiene una fuerte oposición dentro de Italia.
Los partidos contrarios a la ley y varias organizaciones ecologistas han cuestionado la viabilidad económica del proyecto y advierten de que los nuevos reactores pueden tardar muchos años en entrar en funcionamiento.
También señalan los costes asociados a la construcción y posterior desmantelamiento de las instalaciones y a la gestión a largo plazo de los residuos radiactivos.
Otro de los debates será la ubicación de las futuras centrales.
Antes de que pueda iniciarse cualquier proyecto será necesario definir criterios territoriales, ambientales, geológicos y de seguridad para determinar qué zonas podrían albergar instalaciones nucleares.
La ley aprobada por el Parlamento obliga precisamente al Gobierno a desarrollar esas normas antes de que puedan tramitarse proyectos concretos.
Italia inicia una nueva etapa energética
La aprobación de la ley cambia oficialmente el escenario energético italiano después de más de tres décadas sin centrales nucleares en funcionamiento.
El proceso estará condicionado ahora por las decisiones regulatorias que adopte el Gobierno, la disponibilidad de tecnologías comercialmente maduras y la financiación necesaria para poner en marcha las instalaciones.
También será determinante la aceptación de los posibles emplazamientos y la evolución del debate político y social sobre la energía nuclear.
Si el calendario defendido por el Ejecutivo se cumple, Italia podría volver a producir electricidad de origen nuclear a partir de 2033 o 2034, más de cuatro décadas después del cierre de sus últimos reactores.
