Antártida

Una gigantesca abertura de casi 90.000 kilómetros cuadrados en el hielo de la Antártida ha sorprendido a los científicos. El fenómeno, registrado en agosto de 2024 en pleno invierno austral, dejó al descubierto una superficie de océano prácticamente equivalente a la de Portugal, en una región que normalmente permanece congelada durante los meses más fríos del año.

Una investigación publicada en la revista científica Geophysical Research Letters ha permitido reconstruir las causas de este episodio excepcional. Los resultados, difundidos en octubre de 2026, apuntan a una combinación de temperaturas anormalmente elevadas, fuertes vientos y el ascenso de aguas oceánicas profundas.

La abertura apareció en la bahía de Breid, situada en la Antártida Oriental, donde no se había observado un fenómeno de estas características durante el invierno en los 45 años de registros satelitales disponibles.

El hielo desapareció en menos de dos semanas

A comienzos de julio de 2024, el hielo cubría aproximadamente el 97 % de la bahía. Sin embargo, a partir del día 17 comenzó a retroceder rápidamente hasta reducir su cobertura al 25 % en menos de dos semanas.

El 4 de agosto, las imágenes de satélite detectaron tres grandes zonas de agua abiertas entre el hielo. Estas terminaron uniéndose y alcanzaron una extensión de 89.121 kilómetros cuadrados, apenas inferior a los 92.212 kilómetros cuadrados de Portugal.

Los científicos identifican este fenómeno como una polinia, una extensión de agua libre de hielo rodeada por una superficie marina congelada.

Aunque las polinias son conocidas en la Antártida, la aparición de una tan extensa durante el invierno en esta región constituye un acontecimiento excepcional.

Seis ríos atmosféricos provocaron temperaturas extremas

La investigación, dirigida por el geocientífico Jeebanjyoti Swain, identifica como uno de los principales desencadenantes una sucesión de seis ríos atmosféricos registrados entre julio y agosto de 2024.

Estos fenómenos transportan grandes cantidades de humedad y aire relativamente cálido desde latitudes más bajas hacia las regiones polares.

Durante aquellos episodios, las temperaturas llegaron a situarse hasta 17 grados por encima de los valores habituales, favoreciendo la desaparición del hielo marino.

Los fuertes vientos también contribuyeron a desplazar la superficie helada, dejando grandes extensiones de océano expuestas a la atmósfera.

El calor acumulado bajo el océano agravó el fenómeno

Los investigadores comprobaron que el aire cálido no fue el único responsable. Bajo la superficie marina se produjo otro proceso que contribuyó a impedir la recuperación del hielo.

Los vientos intensos desplazaron las aguas superficiales frías y facilitaron el ascenso de agua más cálida procedente de las profundidades del océano Austral.

Este mecanismo, conocido como succión de Ekman, permitió que el calor almacenado bajo el mar alcanzara la superficie y dificultara la congelación.

Además, entre el 23 de julio y el 14 de agosto se registró una ola de calor marina durante la cual la temperatura superficial del agua permaneció unos 0,6 grados por encima del promedio histórico.

Aunque la diferencia parece pequeña, fue suficiente para contribuir a mantener abierta la polinia incluso después de que disminuyera la intensidad del viento.

Los científicos advierten de nuevos episodios en la Antártida

El estudio indica que este tipo de acontecimientos podría repetirse con mayor frecuencia si continúa aumentando la temperatura del océano Austral y se intensifican los ríos atmosféricos.

La pérdida de hielo marino modifica el intercambio de calor y gases entre el océano y la atmósfera, además de alterar las condiciones de los ecosistemas antárticos.

Los investigadores recuerdan que la extensión del hielo marino antártico ha registrado varios mínimos históricos desde 2016, una tendencia que preocupa por sus posibles consecuencias climáticas.

En 2026, la Antártida ha registrado la tercera menor extensión de hielo marino invernal desde que existen observaciones sistemáticas.

No obstante, los científicos subrayan que todavía es necesario determinar con mayor precisión cuánto contribuye cada factor atmosférico y oceánico a la formación de estas enormes aberturas.

La aparición de una polinia de semejante tamaño en una región históricamente cubierta de hielo demuestra cómo una combinación excepcional de fenómenos meteorológicos y oceánicos puede transformar el paisaje antártico en cuestión de semanas. La principal preocupación científica es que unas condiciones hasta ahora extraordinarias puedan convertirse en episodios cada vez menos infrecuentes.

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