EEUU

El Gobierno de Estados Unidos ha declarado la emergencia eléctrica en una amplia región del este del país ante el riesgo de apagones que amenaza el suministro de unos 65 millones de personas. La medida afecta a la red gestionada por PJM Interconnection, que abarca territorios de 13 estados y Washington D. C., y estará vigente hasta el 16 de octubre de 2026.

La orden, firmada el 12 de octubre por el secretario de Energía, Chris Wright, permite activar centrales eléctricas adicionales y recurrir a generadores de emergencia para evitar interrupciones del suministro. La decisión llega después de que el operador de la red advirtiera de una reducción preocupante de sus reservas energéticas.

La situación no implica que se hayan producido apagones generalizados. Se trata de una intervención preventiva para garantizar el funcionamiento de una de las mayores redes eléctricas de Estados Unidos.

Una red eléctrica que abastece a 65 millones de personas

La emergencia afecta al sistema operado por PJM Interconnection, responsable de coordinar la distribución mayorista de electricidad en buena parte del este estadounidense.

Su territorio comprende Delaware, Illinois, Indiana, Kentucky, Maryland, Michigan, Nueva Jersey, Carolina del Norte, Ohio, Pensilvania, Tennessee, Virginia, Virginia Occidental y el Distrito de Columbia.

El problema se concentra especialmente en las áreas de Baltimore, Washington y distintas zonas de Virginia, donde las limitaciones de generación y transporte eléctrico pueden complicar el abastecimiento.

Las previsiones apuntaban a una demanda superior a 111.500 megavatios, mientras numerosas instalaciones permanecían temporalmente fuera de servicio.

Para este 14 de octubre, los cálculos del operador advertían de que el margen de seguridad podría situarse apenas 900 megavatios por encima de la reserva mínima necesaria para mantener la estabilidad del sistema.

Qué ha provocado la emergencia eléctrica

La decisión responde a la coincidencia de varios factores que han reducido la capacidad de respuesta de la red.

Por una parte, el consumo eléctrico está siendo más elevado de lo habitual para esta época del año. Al mismo tiempo, numerosas centrales se encuentran detenidas por los trabajos de mantenimiento programados durante el otoño.

A estas circunstancias se suman las intervenciones en las líneas de transmisión y las dificultades para importar electricidad desde redes vecinas.

El resultado es un sistema con menos capacidad disponible para responder a aumentos inesperados de la demanda o a posibles averías.

El principal problema no es que Estados Unidos se haya quedado sin electricidad, sino que una parte de su infraestructura dispone de un margen de maniobra demasiado reducido.

El Gobierno autoriza medidas extraordinarias para evitar cortes

La orden federal, identificada como 202-26-50, concede facultades excepcionales al operador eléctrico para mantener el suministro.

Entre las medidas previstas figura la posibilidad de ordenar el funcionamiento de determinadas centrales bajo condiciones extraordinarias, incluso cuando existan restricciones operativas habituales.

También permite recurrir a generadores de respaldo pertenecientes a grandes consumidores eléctricos, como instalaciones industriales, centros comerciales y centros de datos.

Esta última medida adquiere especial relevancia por el crecimiento del consumo energético asociado a las infraestructuras digitales y los centros de procesamiento de inteligencia artificial.

Sin embargo, la utilización de esos equipos no será automática. Está prevista como recurso de última instancia cuando las medidas ordinarias resulten insuficientes para garantizar el suministro.

Los sistemas de emergencia de instalaciones esenciales, como hospitales, servicios de emergencias, infraestructuras de agua y centros de control aéreo, quedan excluidos de esta obligación.

¿Existe riesgo de apagones generalizados?

Las autoridades estadounidenses pretenden evitar que la situación alcance el nivel EEA 3, la categoría más grave de las alertas de emergencia energética.

Este nivel se declara cuando los recursos disponibles resultan insuficientes para atender la demanda y puede ser necesario recurrir a interrupciones controladas del suministro.

Antes de llegar a ese escenario, los operadores deben movilizar la generación disponible, reducir determinados consumos y utilizar los recursos de reserva.

Por tanto, la declaración de emergencia no significa que los 65 millones de habitantes afectados vayan a quedarse sin electricidad. La cifra corresponde a la población abastecida por la red sometida a las medidas extraordinarias.

El objetivo es actuar antes de que una situación de escasez de reservas se transforme en una crisis de suministro.

La emergencia estará vigente hasta el 16 de octubre

Las medidas entraron en vigor el 13 de octubre y permanecerán activas hasta el día 16, aunque podrán prorrogarse si las circunstancias lo requieren.

Durante este periodo, PJM deberá supervisar la demanda, coordinar el regreso de las centrales que se encuentran fuera de servicio y disponer de recursos adicionales para responder a cualquier incidencia.

La crisis también pone de manifiesto uno de los grandes desafíos energéticos estadounidenses: adaptar una red eléctrica cada vez más exigida por el consumo industrial, los centros de datos y la expansión de nuevas tecnologías.

Estados Unidos dispone de una enorme capacidad de generación, pero garantizar el suministro exige que esa energía esté disponible en el lugar y el momento adecuados. La emergencia de octubre demuestra que, incluso en una de las mayores economías del mundo, el margen entre una red estable y una situación crítica puede llegar a ser sorprendentemente estrecho.

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