La pandemia que causó al menos 50 millones de muertes en todo el mundo recibió el nombre de gripe española por una circunstancia histórica: España era neutral durante la Primera Guerra Mundial y sus periódicos informaban de una enfermedad que otros países preferían silenciar.
La gripe española de 1918 fue una de las pandemias más mortíferas de la historia, pero su nombre esconde una confusión que ha sobrevivido durante más de un siglo. Aunque la enfermedad afectó gravemente a España, no existen pruebas de que el virus surgiera en territorio español. La denominación se popularizó porque la prensa española informó abiertamente sobre la epidemia mientras gran parte de Europa permanecía sometida a la censura de guerra.
La enfermedad, causada por un virus de la gripe A (H1N1), infectó aproximadamente a 500 millones de personas, cerca de un tercio de la población mundial de aquella época.
La neutralidad de España durante la Primera Guerra Mundial fue decisiva
Cuando comenzó la pandemia, Europa llevaba casi cuatro años inmersa en la Primera Guerra Mundial. Los gobiernos de los países combatientes controlaban las noticias que podían perjudicar la moral de sus tropas y de la población civil.
Informar sobre una epidemia que afectaba a soldados y trabajadores podía interpretarse como una señal de debilidad ante el enemigo.
España, que no participaba en la guerra, no estaba sometida a esa misma censura militar. Sus periódicos publicaban noticias sobre el avance de la enfermedad, los contagios y sus consecuencias.
Esta diferencia provocó una percepción equivocada en el extranjero: mientras las informaciones sobre la epidemia eran limitadas en otros países, España aparecía continuamente en las noticias relacionadas con la gripe.
Así comenzó a extenderse la idea de que la enfermedad procedía de nuestro país.
Alfonso XIII enfermó y la noticia dio la vuelta al mundo
En mayo de 1918, la epidemia se propagó rápidamente por Madrid. Los periódicos españoles comenzaron a informar sobre numerosos afectados, incluidos militares, funcionarios y miembros de la clase política.
Uno de los contagios más conocidos fue el del rey Alfonso XIII, cuya enfermedad recibió una amplia cobertura informativa.
La noticia tuvo repercusión internacional y contribuyó a consolidar la asociación entre España y la epidemia.
El 3 de junio de 1918, el periódico británico The Times utilizó una expresión que vinculaba directamente la enfermedad con España. Durante las semanas siguientes, la denominación se extendió por otros países.
Curiosamente, en España la epidemia recibió inicialmente nombres muy distintos, como «la enfermedad de moda» o «el soldado de Nápoles», este último en referencia a una canción popular de una zarzuela.
¿Dónde se originó realmente la gripe de 1918?
El origen geográfico exacto de la pandemia continúa siendo objeto de investigación histórica y científica.
Existen varias hipótesis sobre los primeros focos de propagación:
- Estados Unidos: se documentaron brotes de gripe entre militares durante marzo de 1918, especialmente en instalaciones como Camp Funston, en Kansas.
- Francia: algunos investigadores han señalado la existencia de enfermedades respiratorias compatibles con la gripe pandémica en campamentos militares durante los años anteriores.
- China: otras teorías han planteado una posible circulación temprana del virus en Asia, aunque las pruebas disponibles no permiten confirmar esta procedencia.
Ninguna de estas hipótesis ha demostrado de manera definitiva dónde apareció por primera vez el virus.
Lo que sí está ampliamente aceptado es que España no fue identificada como origen de la pandemia por pruebas epidemiológicas, sino que su asociación con la enfermedad respondió principalmente a la difusión internacional de las noticias.
Una pandemia que también golpeó duramente a España
El hecho de que el nombre resultara engañoso no significa que España sufriera menos que otros países.
Las estimaciones históricas sitúan por encima de 260.000 las muertes que pudo provocar la pandemia en territorio español entre 1918 y 1920.
La segunda gran oleada, durante el otoño de 1918, fue especialmente devastadora. Octubre concentró una proporción extraordinariamente elevada de fallecimientos.
A diferencia de la gripe estacional, que suele afectar con mayor gravedad a niños pequeños y personas mayores, la pandemia de 1918 también provocó una elevada mortalidad entre adultos jóvenes de entre 20 y 40 años.
La ausencia de vacunas específicas y de antibióticos para tratar las infecciones bacterianas secundarias agravó las consecuencias de la enfermedad.
El nombre de gripe española fue una consecuencia de la información, no del origen del virus
La denominación de gripe española terminó imponiéndose internacionalmente y continúa utilizándose más de cien años después, aunque los historiadores y especialistas en salud pública conocen sus limitaciones.
El episodio demuestra hasta qué punto la censura y la circulación desigual de las noticias pueden influir en la interpretación de un acontecimiento histórico.
España no dio nombre a la pandemia por haber sido identificada como su lugar de origen, sino porque sus periódicos hablaron de ella cuando buena parte del mundo en guerra apenas podía hacerlo. Una paradoja histórica que convirtió la transparencia informativa de un país neutral en una asociación que todavía perdura.
