El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, encabeza el escrutinio de las elecciones celebradas este martes, 27 de octubre de 2026, aunque su bloque continúa lejos de los 61 diputados necesarios para formar Gobierno. Los resultados provisionales dibujan un Parlamento fragmentado en el que ninguno de los principales candidatos tiene garantizada la mayoría.
Con el 55,4 % de las urnas contabilizadas, las proyecciones otorgaban 56 escaños al bloque de Netanyahu, 49 a la oposición y 15 a los partidos árabes. Las cifras siguen sujetas a cambios mientras avanza el recuento, especialmente por los votos de los militares y otros sufragios pendientes.
Las elecciones han registrado una participación del 77,7 %, la más elevada en más de dos décadas, en unos comicios marcados por la seguridad nacional y el desgaste político del Gobierno.
Netanyahu y Eisenkot se disputan el Gobierno
El líder del Likud ha defendido la formación de un nuevo Ejecutivo de derechas, mientras que su principal rival, Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor israelí, considera que los resultados reflejan el deseo de cambio de una parte importante de la población.
Ninguno de los dos bloques dispone actualmente de apoyos suficientes para garantizar su llegada al poder.
La dificultad para alcanzar acuerdos abre la posibilidad de negociaciones prolongadas e incluso de una nueva convocatoria electoral si fracasan los intentos de formar Gobierno.
Los partidos árabes pueden decidir el futuro político de Israel
La fragmentación de la Knéset, el Parlamento israelí de 120 escaños, sitúa a las formaciones minoritarias en una posición determinante.
Los partidos árabes podrían resultar decisivos en la configuración de una mayoría alternativa, aunque existen importantes diferencias políticas que dificultan posibles alianzas.
Una vez concluido el escrutinio, el presidente de Israel, Isaac Herzog, deberá consultar a las fuerzas parlamentarias y encargar la formación del Ejecutivo al candidato con mayores posibilidades de reunir los apoyos necesarios.
Netanyahu podría continuar como primer ministro en funciones mientras se negocia una nueva coalición. El resultado definitivo determinará si consigue prolongar su mandato o si Israel inicia una nueva etapa política tras unas elecciones sin una mayoría clara.
