Mujer

Las mujeres con enfermedades autoinmunes tienen hasta un 74 % más de probabilidades que los hombres de recibir un diagnóstico erróneo que atribuya sus síntomas a causas psicosomáticas, según una investigación de las universidades británicas de Cambridge y Anglia Oriental. El estudio también revela que las pacientes esperan considerablemente más tiempo para obtener un diagnóstico correcto y comenzar el tratamiento.

La investigación, publicada el 13 de octubre de 2026 en la revista científica eClinicalMedicine, analizó las experiencias de más de 6.600 personas diagnosticadas de enfermedades autoinmunes, principalmente residentes en Reino Unido.

Los resultados muestran diferencias significativas entre hombres y mujeres, tanto en la interpretación inicial de los síntomas como en el tiempo necesario para identificar la enfermedad.

El 43 % de las mujeres recibió explicaciones psiquiátricas para sus síntomas

Según los datos recogidos, el 43 % de las mujeres afirmó que sus síntomas habían sido atribuidos a una causa psiquiátrica, frente al 33 % de los hombres.

Las diferencias fueron todavía más acusadas cuando se analizaron los diagnósticos psicosomáticos, aquellos que relacionan los síntomas físicos con factores psicológicos como el estrés o la ansiedad.

En este caso, el 34 % de las mujeres declaró haber recibido esa interpretación errónea, frente al 22 % de los pacientes masculinos.

Tras ajustar los resultados por edad, enfermedad, continente y situación económica, los investigadores encontraron que las mujeres tenían un 46 % más de probabilidades de comunicar un diagnóstico psiquiátrico equivocado y un 74 % más de probabilidades de señalar un diagnóstico psicosomático erróneo.

Estas diferencias reflejan las experiencias declaradas por los participantes y no significan que todos los médicos actúen de la misma manera.

Las mujeres esperan hasta dos años frente a los tres meses de los hombres

El estudio también identificó una diferencia considerable en los tiempos de diagnóstico.

Entre los hombres, el intervalo más frecuente entre la aparición de los primeros síntomas y la identificación de la enfermedad fue inferior a tres meses.

En cambio, entre las mujeres el intervalo más habitual fue de uno a dos años.

Los investigadores comprobaron que las pacientes también necesitaban realizar un mayor número de consultas médicas antes de obtener una explicación definitiva sobre su estado de salud.

Estos retrasos pueden prolongar los síntomas y demorar el acceso a tratamientos capaces de controlar la enfermedad y prevenir complicaciones.

Melanie Sloan, investigadora de Cambridge y autora principal del trabajo, advirtió de que las consecuencias de estos diagnósticos equivocados pueden mantenerse durante años, especialmente por la pérdida de confianza de las pacientes en los profesionales sanitarios y en su propia percepción de los síntomas.

El lupus y las enfermedades de tiroides, entre las patologías analizadas

Las enfermedades autoinmunes aparecen cuando el sistema inmunitario, encargado de proteger al organismo, ataca por error sus propios tejidos y órganos.

Se estima que afectan aproximadamente a una de cada diez personas en el mundo y pueden provocar síntomas como cansancio persistente, dolores musculares, inflamación o alteraciones de la piel.

Entre las enfermedades presentes en el estudio destacan:

  • Tiroiditis de Hashimoto: puede provocar fatiga, aumento de peso, caída del cabello y dolores articulares.
  • Enfermedad de Graves: puede causar pérdida de peso, palpitaciones y alteraciones oculares.
  • Lupus eritematoso sistémico: puede afectar a diferentes órganos y producir cansancio, erupciones cutáneas y dolor muscular.
  • Artritis reumatoide: enfermedad inflamatoria que afecta principalmente a las articulaciones.
  • Vasculitis: conjunto de trastornos que provocan inflamación de los vasos sanguíneos.

Casi una cuarta parte de las mujeres participantes padecía alguna enfermedad autoinmune de la tiroides, mientras que aproximadamente una de cada siete tenía lupus.

Entre los hombres eran más frecuentes la artritis reumatoide, la vasculitis y el síndrome antifosfolípido.

Los investigadores apuntan a posibles prejuicios médicos

El equipo científico considera que las diferencias detectadas podrían estar relacionadas, al menos parcialmente, con prejuicios históricos sobre la credibilidad de los síntomas comunicados por las mujeres.

Durante décadas, determinadas molestias físicas femeninas fueron interpretadas con mayor frecuencia como manifestaciones emocionales o psicológicas.

Los investigadores advierten de que algunas de esas percepciones podrían seguir influyendo en la atención sanitaria, especialmente cuando las enfermedades presentan síntomas difíciles de medir mediante pruebas convencionales.

También recuerdan que las enfermedades autoinmunes son complejas de diagnosticar porque muchas comparten manifestaciones con otras patologías.

El cansancio, el dolor muscular o las alteraciones del sueño pueden tener múltiples causas, lo que dificulta identificar su origen durante las primeras consultas.

Sin embargo, atribuir prematuramente estos síntomas a problemas psicológicos puede retrasar la búsqueda de una enfermedad física subyacente.

Un problema que puede retrasar el tratamiento durante años

Los autores reconocen que las dificultades diagnósticas afectan tanto a hombres como a mujeres. No obstante, los resultados indican que las pacientes podrían encontrarse con obstáculos adicionales.

La investigación se basa en experiencias comunicadas por personas que ya habían recibido un diagnóstico de enfermedad autoinmune, por lo que no permite establecer por sí sola que todas las diferencias observadas estén causadas directamente por discriminación de género.

Aun así, el tamaño de la muestra y la persistencia de las diferencias tras ajustar diversos factores refuerzan la necesidad de estudiar cómo se evalúan los síntomas de estas enfermedades.

Los científicos consideran fundamental evitar que una explicación psicológica sustituya prematuramente a una investigación médica cuando existen síntomas persistentes sin una causa identificada.

El trabajo plantea una cuestión relevante para los sistemas sanitarios: el retraso en el diagnóstico de una enfermedad no siempre depende de la ausencia de pruebas o tratamientos, sino también de cómo se escuchan e interpretan los síntomas del paciente.

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