La corteza terrestre bajo Italia atraviesa un proceso geológico que los científicos comparan con una cremallera que se abre lentamente. Un nuevo estudio sostiene que la parte inferior de la corteza se está desprendiendo bajo los Apeninos y hundiendo progresivamente en el manto, un mecanismo que podría ayudar a explicar la compleja actividad sísmica de la península.
El fenómeno se conoce como delaminación y se extiende a lo largo de más de 500 kilómetros bajo la cordillera de los Apeninos. No implica que Italia vaya a fracturarse de forma repentina ni que exista una grieta abriéndose en la superficie: se trata de movimientos profundos que avanzan a velocidades de apenas unos milímetros al año.
La investigación ha sido dirigida por el geólogo Stefano Tavani, de la Universidad de Florencia, junto con especialistas de varias instituciones italianas y del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC en España.
El trabajo fue publicado el pasado 7 de septiembre en la revista científica Communications Earth & Environment.
Una «cremallera» bajo los Apeninos
Los investigadores sostienen que la parte inferior de la corteza, más densa, se está separando de las capas superiores y hundiendo hacia el manto terrestre.
El proceso no se produce simultáneamente en toda Italia.
La separación estaría avanzando progresivamente mediante una especie de frente de despegue o bisagra que recorre los Apeninos. Esa propagación lateral es lo que ha llevado a los científicos a compararla con la apertura de una cremallera.
Los Apeninos atraviesan buena parte de la península italiana y forman una de las principales estructuras geológicas del Mediterráneo.
Desde hace décadas, los especialistas intentaban explicar una aparente contradicción: mientras una parte de la cordillera está sometida a fuerzas que comprimen la corteza, otra presenta movimientos de extensión.
La corteza se estira por un lado y se comprime por otro
Las mediciones muestran que la zona situada hacia el mar Tirreno está sometida principalmente a extensión, mientras que hacia el Adriático continúa existiendo compresión.
Los científicos han detectado una extensión de alrededor de cuatro milímetros anuales en determinadas zonas del sistema de los Apeninos, parcialmente compensada por unos dos milímetros de contracción hacia el borde exterior.
Esa combinación había resultado difícil de encajar únicamente con los modelos tectónicos tradicionales.
Durante millones de años, la evolución de esta zona estuvo marcada por la subducción, el proceso por el que una placa tectónica se introduce debajo de otra.
Sin embargo, la gran fase de extensión que dio forma al mar Tirreno terminó aproximadamente hace dos millones de años, mientras la deformación de los Apeninos continuó.
La nueva investigación propone que la delaminación de la corteza inferior sería actualmente uno de los principales motores de ese proceso.
Los terremotos ofrecen una de las principales pistas
Para construir el modelo, los investigadores combinaron diferentes tipos de información: registros sísmicos, mediciones GPS y GNSS, observaciones mediante radar de satélite y datos sobre la estructura profunda de la corteza.
El patrón de los terremotos encaja con la hipótesis.
Al suroeste del frente de separación, hacia el Tirreno, predominan movimientos asociados a la extensión de la corteza. Al noreste, hacia el Adriático, aparecen con mayor frecuencia mecanismos relacionados con la compresión.
Los terremotos más profundos también se concentran alrededor de la zona en la que la corteza inferior estaría separándose.
Para los autores, esta distribución constituye una de las principales evidencias de que ambos fenómenos están relacionados.
Una región marcada por fuertes terremotos
Italia es uno de los países europeos con mayor actividad sísmica.
Los Apeninos centrales han sufrido algunos de los terremotos más destructivos de las últimas décadas, entre ellos el de L’Aquila de 2009 y el de Amatrice de 2016.
Ambos estuvieron relacionados con fallas extensionales.
El nuevo estudio no significa que los científicos puedan predecir cuándo se producirá el próximo terremoto, pero conocer mejor las fuerzas que deforman la corteza puede ayudar a comprender por qué determinadas zonas concentran actividad sísmica.
Un proceso que tarda millones de años
La imagen de una cremallera abriéndose puede resultar espectacular, pero la escala temporal es completamente distinta a la humana.
El proceso geológico lleva desarrollándose durante millones de años y continuará durante muchísimo tiempo.
Los autores calculan que la separación completa de determinadas capas profundas podría necesitar todavía varios millones de años.
Tampoco existe una gran grieta visible recorriendo Italia.
Lo que está ocurriendo se encuentra a decenas de kilómetros de profundidad y solo puede reconstruirse indirectamente mediante ondas sísmicas, movimientos del terreno y observaciones geodésicas.
Un modelo que podría servir para estudiar otras zonas del planeta
El caso italiano tiene especial interés porque permite observar con gran precisión un proceso que normalmente los geólogos solo pueden reconstruir después de millones de años.
Los autores creen que el modelo podría servir también para comprender otras regiones en las que antiguas zonas de subducción están entrando en sus últimas etapas.
Entre los posibles ejemplos se encuentra la fosa Helénica, al sur de Grecia.
Procesos similares de delaminación también han sido propuestos para explicar fenómenos geológicos en otras zonas del planeta, incluidos algunos sectores de los Andes sudamericanos.
El estudio ofrece así una nueva explicación para una de las particularidades geológicas de Italia: una cordillera que puede estar comprimiéndose y estirándose al mismo tiempo porque parte de su estructura profunda se está desprendiendo lentamente del resto de la corteza.
