Científica

Un equipo de científicos de la Universidad de Stanford ha conseguido recuperar corales blanqueados en apenas siete semanas gracias al contacto físico con fragmentos sanos genéticamente idénticos. El experimento, publicado el 14 de octubre de 2026 en la revista científica Science Advances, ha permitido identificar un mecanismo de transferencia de algas beneficiosas que podría abrir nuevas posibilidades para restaurar arrecifes afectados por el calentamiento de los océanos.

Los resultados fueron especialmente llamativos: los cinco fragmentos blanqueados que permanecieron en contacto con corales saludables consiguieron recuperarse, mientras que los cinco que fueron mantenidos separados terminaron muriendo. La diferencia fue tan marcada que los investigadores consideran que este mecanismo merece nuevas investigaciones para determinar sus posibles aplicaciones en la conservación marina.

Un descubrimiento que comenzó por accidente

El origen de la investigación se encuentra en una observación inesperada realizada en la Estación Marina Hopkins, un centro de investigación de la Universidad de Stanford situado en California.

Durante unos trabajos de laboratorio, los científicos observaron que dos fragmentos de coral habían quedado accidentalmente en contacto. Uno estaba sano y mantenía su coloración habitual, mientras que el otro presentaba un avanzado estado de blanqueamiento.

En la zona donde ambos se tocaban, el fragmento debilitado comenzaba a recuperar el color.

El biólogo marino Stephen Palumbi y su equipo decidieron investigar aquel fenómeno. Hasta entonces, una parte importante de los estudios sobre contacto entre corales se había centrado en la transmisión de enfermedades y otros efectos perjudiciales.

Sin embargo, aquella observación planteaba una posibilidad diferente: el contacto físico también podía facilitar la transmisión de microorganismos capaces de devolver la salud a un coral debilitado.

Cinco corales se recuperaron y otros cinco murieron

Para comprobar el fenómeno, los investigadores diseñaron un experimento con diez parejas de fragmentos pertenecientes a la especie Pocillopora damicornis.

Cada pareja estaba formada por un fragmento saludable y otro blanqueado, procedentes del mismo individuo genético.

Los científicos establecieron dos grupos. En uno, los fragmentos podían entrar en contacto y establecer conexiones entre sus tejidos. En el otro, permanecían separados por una pequeña distancia que impedía esa unión.

Tras siete semanas, los resultados fueron los siguientes:

Condiciones del experimentoResultado
Cinco corales blanqueados en contacto con fragmentos sanosLos cinco se recuperaron
Cinco corales blanqueados separados de los sanosLos cinco murieron
Contacto durante aproximadamente una semanaPermitió iniciar una recuperación sostenida
Contacto de entre tres y cinco días en determinados ensayosTambién pudo desencadenar la recuperación

El hallazgo más relevante fue que los corales debilitados no necesitaban permanecer unidos permanentemente a los sanos. En determinadas condiciones, un contacto relativamente breve bastó para que comenzara un proceso de recuperación que continuó después de separar los fragmentos.

Cómo funciona la recuperación de los corales blanqueados

Los corales son animales marinos que mantienen una relación simbiótica con unas algas microscópicas conocidas como dinoflagelados simbiontes.

Estas algas viven en sus tejidos y realizan la fotosíntesis, proporcionando buena parte de la energía que necesitan para sobrevivir. A cambio, reciben protección y nutrientes.

Cuando la temperatura del agua aumenta de forma excesiva, esta relación puede romperse. Los corales pierden gran parte de sus algas y adquieren una tonalidad blanca, fenómeno conocido como blanqueamiento coralino.

El blanqueamiento no significa necesariamente que el coral haya muerto, pero lo deja debilitado y reduce sus posibilidades de supervivencia si las condiciones adversas persisten.

El experimento de Stanford ha demostrado que, cuando dos fragmentos genéticamente compatibles establecen contacto, sus tejidos pueden fusionarse y permitir la transferencia de algas beneficiosas.

Los investigadores observaron que esta transferencia comenzaba durante los primeros días. Una vez dentro del fragmento blanqueado, las algas podían multiplicarse y contribuir a restablecer la relación simbiótica.

Durante una de las fases de recuperación, la población de algas llegó a duplicarse aproximadamente cada cuatro días, una tasa considerablemente superior a las observadas en determinados procesos de recuperación natural descritos anteriormente.

La rapidez de esta multiplicación ayuda a explicar por qué algunos fragmentos consiguieron recuperar su estado saludable en apenas siete semanas.

Por qué el hallazgo puede ayudar a proteger los arrecifes

Los arrecifes de coral albergan una enorme diversidad de especies marinas y desempeñan funciones esenciales en numerosos ecosistemas tropicales.

Además de proporcionar refugio y alimento a peces e invertebrados, contribuyen a proteger las costas frente al oleaje y sostienen actividades económicas relacionadas con la pesca y el turismo.

Sin embargo, el calentamiento de los océanos está provocando episodios de blanqueamiento que afectan a grandes extensiones de arrecifes.

Cuando los corales pierden sus algas simbióticas, su recuperación depende de que las condiciones ambientales mejoren y de que puedan restablecer una población suficiente de estos microorganismos.

Ese proceso puede ser lento y, en situaciones de estrés prolongado, muchos organismos mueren antes de conseguirlo.

La investigación identifica una posible forma de acelerar la recuperación utilizando fragmentos sanos como donantes de algas simbióticas.

En el futuro, este mecanismo podría estudiarse para mejorar los procedimientos empleados en viveros de coral, instalaciones donde se cultivan fragmentos destinados a recuperar zonas dañadas de los arrecifes.

No todos los corales pueden recuperarse con este método

Pese a los resultados, los investigadores han identificado una limitación fundamental: la recuperación rápida mediante la fusión de tejidos requiere que los fragmentos pertenezcan al mismo individuo genético.

Cuando los científicos probaron el contacto entre corales genéticamente diferentes, observaron respuestas de incompatibilidad que impedían establecer las conexiones necesarias para una transferencia eficaz.

También detectaron una segunda vía de intercambio de algas, mediante su captación por los pólipos, incluso entre fragmentos genéticamente distintos. Sin embargo, este mecanismo era más lento y, por sí solo, no consiguió garantizar la recuperación completa.

Esto significa que no basta con colocar cualquier coral sano junto a otro blanqueado para conseguir que se recupere.

Además, todos los ensayos se realizaron en condiciones controladas de laboratorio. En el océano, factores como las corrientes, las enfermedades y las variaciones de temperatura pueden complicar considerablemente el proceso.

El descubrimiento tampoco resuelve la causa principal de los grandes episodios de blanqueamiento: el estrés térmico provocado por el calentamiento del agua.

El siguiente paso será comprobar si funciona en arrecifes naturales

Los resultados abren una nueva línea de investigación, pero todavía no permiten afirmar que el procedimiento pueda utilizarse para recuperar grandes extensiones de arrecifes.

Los científicos deberán determinar si funciona con otras especies de coral y estudiar cómo aprovechar la transferencia de algas sin depender necesariamente del contacto entre fragmentos genéticamente idénticos.

Una de las aplicaciones que podrían investigarse es su utilización en viveros marinos, donde los corales se mantienen bajo supervisión antes de ser trasladados a zonas que necesitan restauración.

También será necesario comprobar si los ejemplares recuperados conservan su salud a largo plazo y cómo responden cuando vuelven a enfrentarse a temperaturas elevadas.

Por ahora, el hallazgo demuestra algo que hasta hace poco no se había observado con esta claridad: un coral gravemente blanqueado puede recuperar rápidamente sus algas simbióticas gracias al contacto con otro sano y compatible.

La investigación no supone una solución inmediata a la crisis de los arrecifes, pero aporta una herramienta de conocimiento especialmente valiosa. Una observación accidental en un acuario ha revelado que los propios corales poseen mecanismos de recuperación que todavía conocemos de forma incompleta. Comprenderlos podría resultar decisivo para desarrollar nuevas estrategias de conservación en los próximos años.

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