Barriles de petroleo

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha calificado la crisis energética provocada por la guerra en Oriente Medio como el mayor shock petrolero en al menos cinco o seis décadas y advierte de que sus consecuencias económicas pueden prolongarse durante años.

La institución considera que la región continuará en 2030 por debajo de la trayectoria económica prevista antes del conflicto, incluso si durante los próximos meses se normalizan progresivamente la producción de energía y las principales rutas comerciales.

La advertencia fue realizada el 15 de octubre de 2026 por Jihad Azour, director del Departamento de Oriente Medio y Asia Central del FMI, durante las reuniones anuales del organismo y del Banco Mundial en Bangkok.

El mayor shock petrolero en décadas

La guerra ha provocado una fuerte caída de la producción entre varios de los exportadores directamente afectados y ha alterado algunas de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial.

Las interrupciones en el transporte y en el suministro de productos refinados han contribuido además al fuerte encarecimiento de los combustibles.

Pese a la magnitud de la crisis, el impacto inicial ha resultado menos grave de lo que podía anticiparse.

Varios mecanismos han permitido ganar tiempo: los excedentes acumulados antes de la guerra, el uso de rutas alternativas, los ajustes de la demanda y la utilización de inventarios energéticos.

El problema es que esos colchones no son ilimitados.

Las reservas disponibles han disminuido y la capacidad adicional de producción es ahora menor, por lo que una nueva interrupción importante podría provocar movimientos de precios mucho más fuertes.

Ormuz se ha convertido en el centro de la crisis

El estrecho de Ormuz vuelve a demostrar por qué es uno de los puntos estratégicos más sensibles de la economía mundial.

Esta estrecha vía marítima conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una salida fundamental para las exportaciones energéticas de varios de los principales productores mundiales.

Las alteraciones del tráfico han obligado a los países con infraestructuras alternativas a buscar otras rutas para mantener parte de sus exportaciones.

No todos disponen de las mismas opciones.

Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos cuentan con mayor capacidad para redirigir parte de su producción mediante oleoductos y rutas que permiten reducir la dependencia de Ormuz.

Kuwait, Catar, Irak e Irán, por el contrario, disponen de alternativas más limitadas.

Esa diferencia está contribuyendo a que el impacto económico de la crisis sea extraordinariamente desigual.

Kuwait sufrirá una contracción del 16,7%

Las previsiones del FMI muestran hasta qué punto las consecuencias cambian de un país a otro.

EconomíaPrevisión de PIB en 2026
Kuwait-16,7%
Irak-16%
Irán-7,6%
Emiratos Árabes Unidos-3,9%
Arabia Saudí-3,3%

Kuwait aparece entre las economías más castigadas, con una contracción prevista del 16,7%, mientras Irak retrocedería un 16%.

Arabia Saudí también entraría en terreno negativo, aunque con una caída considerablemente menor, del 3,3%.

Las diferencias reflejan factores como la exposición al conflicto, la dependencia de las exportaciones energéticas, las posibilidades de utilizar rutas alternativas y el margen financiero acumulado por cada país.

Oriente Medio y el norte de África caerán un 2%

El último escenario económico del FMI contempla una contracción del 2% en 2026 para el agregado de Oriente Medio y norte de África.

Existe otra cifra que puede provocar confusión: el FMI prevé una caída del 1,3% para MENAP, una agrupación estadística diferente que comprende Oriente Medio, norte de África y Pakistán.

No son, por tanto, dos previsiones contradictorias.

El perímetro geográfico utilizado cambia y con él lo hace también el resultado agregado.

La comparación con 2025 muestra con claridad el deterioro. MENAP venía de crecer un 3,3% el pasado año y pasará a terreno negativo en 2026.

El FMI espera un fuerte rebote en 2027

El escenario central del organismo contempla que la situación empiece a mejorar durante el próximo año.

Para MENAP, el FMI proyecta un crecimiento del 6,6% en 2027, aunque advierte de que la recuperación será muy desigual.

Buena parte del rebote dependerá de que se normalicen el comercio y la producción de petróleo.

Las economías exportadoras directamente afectadas podrían crecer con fuerza cuando recuperen producción, pero eso no significa que hayan recuperado todo lo perdido durante la crisis.

El FMI espera que su nivel de actividad continúe por debajo de las previsiones realizadas antes de la guerra.

El petróleo puede seguir por encima de lo previsto

El escenario internacional tampoco depende únicamente de cuánto crudo pueda producir Oriente Medio.

El FMI trabaja con la hipótesis de que el comercio y el transporte marítimo comiencen a normalizarse durante el primer trimestre de 2027 y que las exportaciones recuperen progresivamente niveles más habituales aproximadamente hacia mediados de año.

El organismo espera además que el petróleo permanezca por encima de los niveles que proyectaba antes de la escalada del conflicto, aunque los precios deberían moderarse gradualmente si mejora el suministro.

La gran amenaza sería una nueva interrupción.

Después de meses utilizando inventarios y capacidad alternativa para contener la crisis, existe menos margen para absorber otro golpe de magnitud similar.

Una nueva escalada podría tener un impacto mayor

Ese agotamiento progresivo de los mecanismos de protección es uno de los principales mensajes del FMI.

Hasta ahora, las economías y los mercados han podido recurrir a reservas, rutas alternativas, capacidad productiva fuera de las zonas más afectadas y ajustes de la demanda.

Pero cada barrera utilizada reduce el margen disponible para responder a la siguiente crisis.

Por eso, una nueva interrupción de la producción, de las rutas marítimas o de infraestructuras energéticas críticas podría tener consecuencias más intensas que las registradas hasta ahora.

El FMI considera precisamente que una prolongación de la guerra y nuevas disrupciones energéticas o comerciales constituyen el principal riesgo para las economías de Oriente Medio y Asia Central.

El problema no termina cuando vuelve a fluir el petróleo

Una de las advertencias más relevantes afecta al medio plazo.

La recuperación de las exportaciones no devuelve automáticamente una economía al punto en el que se encontraba antes de una crisis.

Durante el periodo de interrupción se pierde producción, se aplazan inversiones, aumentan costes y se deterioran sectores relacionados con el comercio, el transporte o la actividad empresarial.

Por eso el FMI considera que las consecuencias serán duraderas.

Incluso en 2030, la trayectoria económica regional continuaría por debajo de la que se esperaba antes del conflicto.

La crisis energética vuelve a amenazar el crecimiento mundial

El problema tampoco queda confinado a Oriente Medio.

El petróleo es un coste básico para el transporte, la aviación, la industria y numerosas cadenas de producción. Cuando permanece caro durante un periodo prolongado, parte de ese incremento termina extendiéndose al resto de la economía.

El FMI mantiene para 2026 una previsión de crecimiento mundial del 3,1%, pero identifica la guerra y los elevados precios energéticos entre los principales riesgos para la economía internacional.

Una nueva escalada podría volver a presionar la inflación precisamente cuando gobiernos y bancos centrales disponen de menos margen para amortiguar otro shock.

La crisis de 2026 deja así una advertencia que va más allá del precio diario del barril. Los mecanismos que han evitado consecuencias todavía mayores —reservas, rutas alternativas y capacidad adicional— se están reduciendo. El mayor riesgo ya no es únicamente el shock que acaba de sufrir el mercado petrolero, sino afrontar el siguiente con menos protección que el anterior.

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