Europa ha decidido recurrir a sus reservas estratégicas de diésel para intentar contener la fuerte subida de los precios del combustible y aliviar las tensiones de suministro que afectan al mercado internacional. La medida forma parte de una actuación coordinada con otros países de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y contempla movilizar en conjunto alrededor de 100 millones de barriles.
La decisión llega después de varios días de negociaciones y de una creciente presión de Estados Unidos, donde el encarecimiento del combustible había llevado a la Administración de Donald Trump a plantear incluso la posibilidad de restringir temporalmente las exportaciones estadounidenses de diésel.
El plan prevé que los países europeos aporten aproximadamente 50 millones de barriles de diésel procedentes de sus reservas, mientras otros miembros de la AIE liberarían una cantidad similar de petróleo crudo.
El objetivo es aumentar rápidamente la disponibilidad de combustible en el mercado y reducir la presión sobre unos precios que se han disparado durante las últimas semanas.
Francia impulsó la movilización de las reservas
Francia ha desempeñado un papel especialmente activo en las negociaciones. El Gobierno de Emmanuel Macron defendió utilizar parte de las reservas de emergencia europeas como respuesta inmediata a la escasez y al fuerte incremento del precio del gasóleo.
La propuesta fue debatida inicialmente por los gobiernos de la Unión Europea y posteriormente coordinada con otros socios internacionales.
Las reservas estratégicas están diseñadas precisamente para responder a situaciones excepcionales de interrupción del suministro. Los países europeos mantienen importantes cantidades de petróleo y productos refinados almacenados para poder utilizarlos en momentos de crisis energética.
El recurso a estas existencias permite aumentar la oferta en un periodo relativamente corto, aunque su efecto sobre los precios suele ser temporal si no se solucionan los problemas que están limitando la producción y el comercio internacional.
Estados Unidos llegó a amenazar con restringir sus exportaciones
La situación adquirió una dimensión internacional después de que Washington presionara a varios países europeos, especialmente Francia y Alemania, para que utilizaran parte de sus reservas.
La Administración estadounidense había llegado a estudiar una restricción de las exportaciones de diésel con el objetivo de aumentar la oferta disponible dentro de Estados Unidos y frenar los precios internos.
Una medida de este tipo habría supuesto un problema adicional para Europa.
Desde que el continente redujo significativamente sus compras de productos petrolíferos rusos, Estados Unidos se ha convertido en uno de sus proveedores alternativos de combustible, por lo que una limitación de las exportaciones estadounidenses habría agravado las dificultades de abastecimiento.
La Comisión Europea mostró su rechazo a esa posibilidad y advirtió de que una prohibición de las exportaciones perjudicaría al mercado internacional y dañaría la confianza entre ambos socios.
Finalmente, Trump anunció el viernes que Estados Unidos no aplicaría el veto a las exportaciones de diésel que había sido planteado durante los días anteriores.
El mercado mundial de diésel atraviesa una situación excepcional
La crisis actual responde a la coincidencia de varios problemas de suministro.
La guerra en Oriente Próximo ha reducido los flujos energéticos procedentes de la región del Golfo, una zona fundamental para el mercado mundial de hidrocarburos.
Al mismo tiempo, los ataques de Ucrania contra instalaciones energéticas rusas han provocado daños en distintas refinerías. Moscú ha respondido a las dificultades internas restringiendo sus propias exportaciones de combustibles.
A este escenario se suma China, cuyas refinerías han reducido las ventas internacionales de carburantes durante octubre para reforzar las reservas destinadas al consumo interno.
La coincidencia de estas circunstancias ha reducido considerablemente la cantidad de diésel disponible en los mercados internacionales precisamente cuando numerosos países intentan asegurar sus suministros de cara al invierno.
El diésel, especialmente sensible para la economía europea
El encarecimiento del gasóleo tiene consecuencias que van mucho más allá del coste de llenar el depósito de un vehículo.
Este combustible continúa siendo fundamental para el transporte por carretera, la agricultura, la construcción, la industria y numerosas actividades logísticas. Un incremento sostenido de su precio acaba trasladándose a los costes de producción y distribución de una amplia variedad de productos.
El problema es especialmente importante en Europa, donde el diésel mantiene un peso considerable dentro del transporte.
Los elevados precios energéticos también añaden presión sobre la inflación y dificultan los esfuerzos de los gobiernos para proteger el poder adquisitivo de los hogares.
Durante septiembre, el precio del diésel ya había registrado importantes subidas en varios países europeos, mientras aumentaba la preocupación por una posible escasez durante los meses siguientes.
Una medida destinada a ganar tiempo
La liberación de reservas puede incrementar rápidamente la cantidad de combustible disponible y contribuir a reducir las tensiones en los mercados, pero no resuelve por sí sola los problemas estructurales que han provocado la crisis.
Las reservas estratégicas son limitadas y están concebidas para afrontar emergencias, por lo que no pueden sustituir de manera permanente las importaciones o la capacidad de las refinerías.
Europa también estudia otras medidas para incrementar la oferta, entre ellas una posible flexibilización temporal de determinadas especificaciones aplicadas a los combustibles, lo que permitiría aumentar la cantidad de producto que puede comercializarse.
La evolución de las guerras en Oriente Próximo y Ucrania será igualmente determinante para conocer cuánto tiempo permanecerá tensionado el mercado.
La decisión de liberar reservas proporciona de momento un margen adicional de suministro y trata de impedir que las dificultades actuales desemboquen en una crisis todavía mayor en los próximos meses.
El movimiento también muestra hasta qué punto el diésel se ha convertido nuevamente en una cuestión estratégica para las principales economías occidentales: cualquier interrupción relevante en las exportaciones de Estados Unidos, Oriente Próximo, Rusia o China puede trasladarse con rapidez a los precios que pagan empresas y consumidores europeos.
