Un equipo de arqueólogos ha descubierto un trisquel de unos 2.000 años de antigüedad en el castro del Pico da Bandeira, en A Guarda (Pontevedra). La pieza, tallada en granito y recuperada durante una excavación realizada en octubre de 2026, presenta una particularidad excepcional: en una de sus caras aparece el conocido símbolo de tres brazos curvos, mientras que en la otra conserva un grabado geométrico cuyo significado todavía se desconoce.
El hallazgo se produjo el 16 de octubre, cuando los investigadores decidieron dar la vuelta a una piedra encontrada entre los restos de una vivienda de la Edad del Hierro. Lo que inicialmente parecía un fragmento decorado con un petroglifo resultó esconder una segunda representación de gran calidad.
Los responsables de la excavación consideran que no se conoce otra pieza gallega con esta combinación exacta de grabados en caras opuestas, aunque existen otros ejemplos de trisqueles y piedras decoradas en yacimientos castreños.
El descubrimiento abre nuevas preguntas sobre las creencias, las prácticas artísticas y la arquitectura de las comunidades que habitaron el noroeste peninsular durante los siglos anteriores y posteriores a la llegada de Roma.
Una piedra de granito que escondía dos grabados diferentes
La pieza fue localizada por los profesionales de Árbore Arqueoloxía e Restauración, una cooperativa especializada en patrimonio histórico que desarrolla los trabajos bajo la dirección de la arqueóloga Nerea Vilariño.
La excavación forma parte de una campaña promovida por la Comunidad de Montes de Salcidos para investigar y recuperar los restos del castro del Pico da Bandeira, situado en el monte Torroso.
La piedra mide aproximadamente 26 centímetros de alto por 33 de ancho y presenta un excelente estado de conservación.
Su descubrimiento fue inesperado. Los arqueólogos habían identificado inicialmente un grabado geométrico en una de sus superficies, pero no habían examinado completamente la cara opuesta.
Al girarla encontraron un trisquel cuidadosamente tallado, con tres brazos curvos que parten de una zona central y generan una sensación de movimiento circular.
La calidad de ejecución llamó inmediatamente la atención del equipo.
El arqueólogo Benito Vilas explicó que la conservación del motivo pudo deberse a la posición en la que quedó la piedra cuando se derrumbó la construcción. La cara decorada habría permanecido protegida por la tierra, evitando buena parte de los golpes y del desgaste provocado por los escombros.
El segundo grabado presenta características diferentes. Su ejecución es más sencilla y todavía no ha podido identificarse con seguridad.
Esta diferencia técnica constituye una de las principales cuestiones que los investigadores deberán estudiar.
Qué significa el trisquel encontrado en Pontevedra
El trisquel o tríscele es un motivo ornamental compuesto generalmente por tres brazos, espirales o elementos curvos que giran alrededor de un mismo centro.
Aparece en distintas culturas antiguas, aunque en el noroeste de la península ibérica está especialmente relacionado con el arte de los castros y las tradiciones de las comunidades galaicas.
Su presencia en Galicia no resulta excepcional. Se conocen representaciones similares en piezas arquitectónicas, objetos ornamentales y elementos procedentes de otros asentamientos de la Edad del Hierro.
Lo extraordinario del hallazgo de A Guarda es la combinación de dos motivos distintos sobre una misma piedra y la posibilidad de estudiar la pieza dentro de un contexto arqueológico documentado.
El significado original de los trisqueles sigue siendo objeto de debate.
Tradicionalmente se han relacionado con ideas de movimiento, ciclos naturales o determinadas creencias religiosas. Sin embargo, no existen pruebas suficientes para atribuir un significado universal a todos los trisqueles antiguos.
Las interpretaciones modernas que los vinculan con el pasado, el presente y el futuro, o con una supuesta trinidad espiritual, no pueden trasladarse automáticamente a las comunidades galaicas de hace dos milenios.
En el caso del Pico da Bandeira, los arqueólogos todavía no saben si el motivo tenía una función simbólica, ornamental o relacionada con la posición social de quienes utilizaron la construcción donde apareció.
El segundo grabado podría ser anterior al trisquel
Una de las hipótesis que estudian los investigadores es que ambos dibujos fueran realizados en momentos diferentes.
La posibilidad resulta especialmente interesante porque cambiaría la interpretación histórica de la pieza.
Si el petroglifo y el trisquel fueron tallados simultáneamente, podría existir una relación intencionada entre sus significados.
En cambio, si el primer grabado es considerablemente más antiguo, la piedra podría haber sido reutilizada por los habitantes del castro.
La reutilización de materiales era una práctica conocida en las sociedades antiguas. Piedras procedentes de construcciones anteriores o de lugares con significado especial podían incorporarse a edificios posteriores.
Los investigadores contemplan, por tanto, varios escenarios.
| Hipótesis | Qué implicaría |
| Los dos grabados son contemporáneos | Podrían formar parte de una misma composición simbólica |
| El petroglifo es anterior | La piedra habría sido reutilizada y decorada posteriormente |
| La piedra tuvo una función arquitectónica | Podría haber formado parte de una puerta, un muro u otro elemento constructivo |
| La pieza cambió de uso | Su función original podría ser diferente de la que desempeñó en el castro |
Ninguna de estas posibilidades se considera demostrada.
La datación aproximada de 2.000 años corresponde al contexto arqueológico donde apareció la piedra, pero todavía no permite establecer con certeza cuándo se realizó cada uno de los grabados.
Esta distinción es fundamental para interpretar correctamente el descubrimiento.
La vivienda donde apareció el trisquel podría haber sido una construcción destacada
La piedra decorada no es el único hallazgo relevante de la campaña arqueológica de 2026.
Los trabajos también han permitido identificar una nueva construcción de planta aproximadamente circular, con un diámetro cercano a los cuatro metros.
Su tamaño supera considerablemente al de otras dos estructuras descubiertas durante la campaña anterior, cuyos diámetros rondaban los dos y tres metros.
Además, la vivienda presenta características arquitectónicas que han llamado la atención de los especialistas.
Entre ellas destaca una zona de acceso relativamente bien conservada y la presencia de piedras planas que podrían formar parte de un espacio pavimentado.
Los arqueólogos consideran posible que este edificio tuviera una función especial dentro del asentamiento.
No necesariamente se trataría de una residencia de carácter aristocrático o religioso. También podría haber desempeñado actividades comunitarias o funciones que todavía no pueden identificarse.
La presencia de una piedra ornamentada plantea la posibilidad de que el edificio estuviera decorado de una manera diferente a las construcciones más sencillas del poblado.
En otros castros gallegos se han documentado motivos geométricos integrados en elementos arquitectónicos como dinteles y jambas.
Sin embargo, el trisquel apareció en una zona de derrumbe, por lo que todavía se desconoce su posición original dentro de la construcción.
La investigación tendrá que determinar si formaba parte del edificio o si llegó allí después de haber sido utilizado en otro lugar.
Fragmentos de ánforas romanas revelan contactos comerciales hace 2.000 años
La excavación también ha proporcionado información sobre la relación de los habitantes del Pico da Bandeira con el mundo romano.
Entre los materiales recuperados destacan numerosos fragmentos de ánforas, recipientes cerámicos empleados en la Antigüedad para transportar y almacenar diferentes mercancías.
Su presencia indica que el asentamiento participaba, directa o indirectamente, en redes de intercambio que alcanzaban otras regiones.
Los restos encontrados permiten situar la ocupación de la vivienda entre el siglo I antes de Cristo y el siglo I después de Cristo, una etapa marcada por la progresiva incorporación del noroeste peninsular a la esfera política y económica romana.
Este periodo fue especialmente significativo para las comunidades castreñas.
La expansión de Roma transformó las relaciones comerciales, la organización territorial y numerosos aspectos de la vida cotidiana, aunque estos cambios no se produjeron de manera uniforme.
Muchos poblados mantuvieron características propias durante generaciones, combinando tradiciones locales con objetos y prácticas procedentes de otros territorios.
El estudio de las ánforas puede aportar datos sobre los intercambios comerciales, mientras que las estructuras excavadas permiten investigar cómo vivían y organizaban sus espacios los habitantes del castro.
La combinación de ambos tipos de evidencias convierte al Pico da Bandeira en un yacimiento especialmente interesante para comprender la transición entre la Edad del Hierro y el periodo romano en Galicia.
Un castro próximo a Santa Trega que podría tener mayor importancia de la conocida
El Pico da Bandeira se encuentra en el entorno del Bajo Miño, relativamente cerca del conocido castro de Santa Trega, uno de los principales conjuntos arqueológicos de la cultura castreña gallega.
La proximidad de ambos asentamientos plantea preguntas sobre las relaciones que pudieron mantener sus habitantes.
Los arqueólogos han señalado ciertas semejanzas entre el trisquel recién descubierto y algunos motivos ornamentales asociados a materiales procedentes de Santa Trega.
Entre estos últimos figura la decoración de un torque, una pieza metálica utilizada como adorno personal por distintas comunidades antiguas.
También se conocen representaciones de cuatro brazos, denominadas tetrasqueles, en el patrimonio arqueológico de la zona.
Estos paralelismos muestran que determinados elementos decorativos podían formar parte de tradiciones artísticas compartidas.
No obstante, la semejanza entre símbolos no demuestra por sí sola que los dos asentamientos tuvieran una relación política, económica o religiosa directa.
Para establecer ese tipo de vínculos será necesario comparar sus cronologías, materiales, estructuras y posibles conexiones territoriales.
El Pico da Bandeira ocupa un espacio de dimensiones considerables y todavía conserva extensas zonas sin excavar.
Los nuevos descubrimientos están llevando a los investigadores a reconsiderar la importancia que pudo tener dentro de la red de poblados antiguos del Bajo Miño.
Las excavaciones han recuperado un yacimiento investigado hace un siglo
Aunque el descubrimiento del trisquel es reciente, el interés arqueológico por el Pico da Bandeira tiene una historia mucho más larga.
Las primeras excavaciones conocidas se realizaron durante la década de 1920, impulsadas por la Sociedade Pro-Monte Santa Tecla.
Aquellos trabajos permitieron identificar restos y materiales, aunque las técnicas de documentación utilizadas entonces eran diferentes de las actuales.
Después de un prolongado periodo sin investigaciones continuadas, el yacimiento volvió a recibir intervenciones arqueológicas en 2022.
Las campañas de 2025 y 2026 han permitido ampliar el conocimiento de sus estructuras y recuperar nuevos materiales.
Uno de los aspectos más importantes de los trabajos recientes es que los investigadores pueden documentar con precisión la posición de cada objeto.
Esta información proporciona pistas sobre su posible utilización y sobre las actividades desarrolladas en los edificios.
En arqueología, conocer el contexto de un hallazgo puede ser tan importante como la pieza recuperada.
Un trisquel encontrado sin referencias sobre su procedencia permite estudiar su estilo artístico, pero ofrece menos información sobre las personas que lo utilizaron.
En cambio, la pieza del Pico da Bandeira apareció asociada a una estructura concreta, con restos cerámicos y otros materiales que ayudarán a reconstruir parte de la historia del asentamiento.
Qué ocurrirá con el trisquel descubierto en A Guarda
El equipo arqueológico continuará estudiando la piedra para documentar sus características y valorar las posibles relaciones entre los dos grabados.
La investigación deberá analizar las diferencias técnicas entre ambas caras, los indicios de reutilización y su vinculación con los restos arquitectónicos.
También quedan pendientes nuevas excavaciones en la vivienda donde apareció la pieza.
Aunque los trabajos han permitido identificar buena parte del perímetro del edificio, todavía falta por investigar una parte considerable de su interior.
Los arqueólogos esperan que futuras intervenciones permitan alcanzar los niveles correspondientes al periodo de ocupación y recuperar materiales capaces de aclarar la función de la construcción.
La continuidad del proyecto dependerá de la planificación y de los recursos disponibles para nuevas campañas.
En cuanto al trisquel, está previsto que pueda mostrarse a los vecinos y visitantes durante actividades organizadas en el entorno del yacimiento.
Posteriormente, la intención es trasladarlo al Museo Quiñones de León, en Vigo, donde podrá incorporarse a los trabajos de conservación y estudio patrimonial.
El hallazgo demuestra que incluso los asentamientos investigados hace décadas pueden conservar información desconocida sobre las sociedades antiguas.
La piedra del Pico da Bandeira ha permanecido enterrada durante aproximadamente dos milenios y todavía plantea más preguntas que respuestas. Su verdadero valor no reside únicamente en la belleza del trisquel, sino en la posibilidad de comprender mejor cómo construían, decoraban y utilizaban sus espacios las comunidades galaicas que habitaron el Bajo Miño antes y durante la romanización.
